Oh dulcísimo Señor y Dios mío!
Lo que en este mundo yo más quiero,
es por mi pecado Dios verdadero,
por lo que sangrando estás como un
río.
Oh Señor! Era todavía yo un crío,
cuando ya a ti te quería el primero,
infinitamente en vos espero,
pero mientras a otros corderos guío.
A vos, Señor, debo todo mi ser,
y esperando estoy que algún día pueda
este mal siervo, tu Sangre beber.
Ya que, aunque vaya arrastrado por
cuerdas,
jamás buen Señor, a vos negaré,
ni aunque me ahorquen, ni aunque me
muerdan.
Montijo, 5 de septiembre de 1956.

No hay comentarios:
Publicar un comentario