domingo, 5 de noviembre de 2017

LA COMUNICACIÓN EN EL MATRIMONIO


¿Para qué la comunicación?

Para entendernos, comprendernos y conocernos. Y para fortalecer los lazos afectivos y saber qué le preocupa esencialmente a ella o a él.

La familia está formada por personas y, como a todo ser humano, también sus miembros están sujetos a poder tener días azules y días grises, incluso algunos un poco negros.

Conviene dedicar un tiempo a conocer las emociones, a cómo controlarlas y desarrollarlas. ¿Qué reacciones producen, qué influencia tienen en la vida familiar, en la vida social y en el aprendizaje? Pueden producir placer o disgusto, y por lo tanto, afectan a nuestras conductas y comportamientos. Las plantas necesitan sol y agua. Los animales, sol, agua y alimentación. Las personas, todo eso y afecto. El afecto también puede llegar por la comunicación.

¿Qué es necesario? Saber escuchar. Saber dejar hablar al otro/a.
Conductas que indican que no escuchamos:
    - Cruzar los brazos. Apartarse del cónyuge.
    - No responder a sus preguntas.
    - Tensión muscular o rigidez.
    - Expresiones verbales que indican que nos hemos cerrado al diálogo. O nos hemos colocado los auriculares.

El buen diálogo. Respeta las opiniones del otro/a. Utiliza educación y buenas maneras. Es delicado en el trato. Procura crear ilusiones.

Actitudes a evitar. Sacar a relucir en cuanto llega él o ella,  aquello que molesta. Remachar lo negativo que vemos en el cónyuge. Evitar las expresiones fuertes y descalificadoras. El autoritarismo. Y mirar sólo mi interés. Y las expresiones del tipo de: Que sea la última vez. Nada de lo que digo te parece bien. Tú siempre quieres tener razón. Contigo es imposible hablar. La rutina en la conversación.

Evitar también: La monotonía y el aburrimiento. El rencor. El rencor se rompe con el perdón. Guardar la lista de agravios. La ira. Refugiarse en el ordenador, en el móvil, en la tv, en la tableta, en la revista de corazón.

Facilitan la comunicación: Aparcar las discusiones innecesarias. Poner buena cara.  Compartir algo. Una afición o una tarea. Ser flexibles con relación a los planes. La sencillez. La humildad. Rectificar.  Perdonar y saber pedir perdón.
Y también: Aceptar las limitaciones propias y las del cónyuge. Mejorar el sentido del humor. Reír. Ser sinceros. Transparentes. Sugerir en vez de mandar. La vida conyugal es un trabajo de artesanía, con el que hay que intentar sorprender, agradar y atraer.

Temas de conversación: Los esposos, con mucho sentido común, serán capaces de participar en los problemas del mundo y de las ideas. Las situaciones en las que viven en los tiempos a los que pertenecen, deben ser  temas de sus conversaciones.

Los efectos de una buena comunicación: Tal vez el más importante: el amor. Nos enamoramos porque hubo una época en la que nos comunicábamos mucho. De vuestra comunicación nació el amor.


Como conclusión. Saber celebrar lo pequeño. No machacarse uno al otro. Acomodarse a las carencias que él o ella tengan. Compartir lo bueno que todos tenemos. Evitar los numeritos en público. Y saber que ver las cosas de modo distinto no es desunión, es complementaridad. Agradecer los detalles, no cargar las tintas con  las limitaciones del otro. Ayudarle a mejorar.

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