viernes, 27 de diciembre de 2019

UNA SEÑAL PARA LOS PASTORES



Un ángel se presenta en el centro de la noche a los pastores que velaban su rebaño, y les anuncia que en la ciudad de David ha nacido el Salvador. Y con el mensaje les da una señal para que puedan localizar al “esperado”: encontraréis un niño con pañales y en un pesebre.

Así que la señal que reciben tiene tres partes: pañales, un pesebre y un niño.
Los pañales es lo primero que recibe Jesús de los hombres. Incluso antes que el alimento recibe pañales, que son la manifestación de lo necesario para un bebé, para un ser humano recién nacido. Pero los pañales que recibe Jesús iban acompañados de la inmensa ternura que su Madre había puesto en ellos.

Un pesebre, lugar en el que se alimentan los animales. Jesús será alimento espiritual, alimento de la palabra y alimento eucarístico.

Un niño. Este niño, Jesús, es Dios que se ha encarnado, se ha abajado a eso, a ser niño. Ha entregado todo su poder, toda fuerza, todos sus recursos. Es nada, un pequeño que duerme y mueve sus brazos y piernas. Oye, pero no ve. Es un bebé que acaba de nacer. Es la humildad, la pequeñez. Este es realmente el mensaje del ángel: la humildad y pequeñez del Salvador. Es el que vive en el abandono que no se preocupa de lo que harán con Él.

En esos primeros minutos de su estancia en la tierra, ya comienza Jesús su enseñanza desde el pesebre: quién quiera parecerse a mí, sea humilde, sencillo, pequeño, desprendido, confiado, sobrio, dócil. Porque la vida en el Espíritu Santo es alegría, paz, dulzura, sencillez, luz, amor.

viernes, 20 de diciembre de 2019

CAMINANDO HACIA BELÉN



María es la llena de gracia, es decir, la que tiene tal intimidad con la Trinidad, que está “endiosada”. Y el ángel Gabriel le habla de un Hijo. Y como su vida descansaba en Dios, abandonada a la voluntad de Dios, acepta el encargo. Continuará volcada en los quehaceres ordinarios de una joven israelita, pero ahora la presencia de Dios es más íntima. Enseguida, ante el mensaje de Gabriel, se pone en marcha. Camina hacia las tierras altas de Judea. Va a visitar a sus parientes Isabel y Zacarías. Va con disponibilidad, a servir a unos ancianos que esperan con enorme gozo el nacimiento del Bautista. Pero lleva en su vientre al Hijo del Altísimo y por ello es portadora de Dios, la embajadora de Dios.

Tres meses después regresa a Nazaret, su querida aldea. Con diligencia se dispone a celebrar el matrimonio con José, con quien estaba desposada. Y con él, vive en comunión de amor. Mientras, los dos se preparan ante la próxima cercanía del Hijo de Dios.

Pero hasta que el Niño nazca, María al igual que José, gasta sus días en las tareas propias de una madre de familia: la atención al hogar, las compras de alimentos, la limpieza de la ropa de José y la suya, la preparación de las comidas, el servicio a sus vecinas… Una vida muy semejante a la de muchas otras madres de familia de ayer y de hoy. Muy parecidas estaban siendo las jornadas de José.

Y surge lo imprevisto: hay que acudir a Belén para el censo dispuesto por Augusto. Es diciembre, María y José caminan hacia Belén. Llegan. Es de noche. Silencio. Recogimiento. Nace Jesús. Adoración de María. Adoración de José. Todo para el Niño. Y nosotros nos acercamos al belén que hemos puesto en nuestra casa: en el centro Jesús reclinado en un pesebre, a un lado su Madre, al otro José. Muy bien, pero allí en aquella noche ocurrieron más cosas: María cogería a su divino Hijo, lo estrecharía en su pecho y lo cubriría de besos. A Dios le gusta que seamos afectivos con Él. Y también la bendita contemplación del Niño y la hermosa canción de la Madre y a continuación se oyó en el cielo el primer villancico que María y José al Niño cantaron. Todo sucedió, junto a la pobreza del lugar hermoseado por el amor para el Amor. Más detalles afectivos: al Niño le gustan (no olvidemos practicarlos ante nuestros belenes y en la Comunión) y la ternura de María porque “ha encontrado al que ama su alma, lo ha encontrado y no lo dejará jamás”. (Cantar 3, 4).

Minutos después llegan los pastores. Comunican el mensaje que han oído a los ángeles y adoran al Niño y le piden a María si lo pueden tomar en brazos. María que es toda generosidad, asiente. Y pastor tras pastor depositan besos en los pies de Jesús. Cada pastor se siente un pequeño ante el gran Pequeño y con breves palabras y muchos gestos, manifiestan su adoración y cariño al nuevo habitante de Belén.

Fueron horas inolvidables. Muchos siglos después, el novelista Graham Greene decía: “A los hombres les gusta tener a Dios lejos, como al sol, lo suficiente para aprovecharse de su calorcillo y huir de su quemadura”. No sea así en esta hora, en este siglo. Vuelvan las horas inolvidables de los pastores de Belén, de José y de María: El Niño hoy, este año, vuelve a nacer. Porque cada vez que vencemos un poco nuestro egoísmo, Jesús se instala un poco más en nuestro corazón.
Belén se ha llenado de luz y de salud. Lo mismo que tu alma, tu corazón y el mío, porque Jesús es sobre todo, nuestro Salvador.

viernes, 13 de diciembre de 2019

SÍMBOLOS NAVIDEÑOS. 2



EL ÁRBOL DE NAVIDAD.
Es evocación del árbol de la vida, plantando en el jardín del Edén y del árbol de la cruz. Sobre el mismo, Benedicto XVI dijo: Cristo es el verdadero árbol de la vida. Árbol siempre verde y fecundo. Árbol de los regalos, entre los cuales no deberían faltar los regalos para los pobres. En el salmo noventa y seis encontramos la frase: “Que dancen de gozo los árboles del bosque, delante del Señor que hace su entrada”. Así, podríamos decir, se asemejan  nuestros árboles de Navidad. Nos hablan del gozo por el Nacimiento del Mesías. Árboles que pretenden que aquella frase del salmo se convierta en una verdad visible: el Señor está presente y los árboles danzan y le alaban.

VILLANCICOS.
Los villancicos nacieron en Castilla en el siglo XV. Eran cantos sencillos.
Nuestro corazón brinca de alegría y de gratitud al escuchar el gran prodigio que anuncian: Dios se ha encarnado. Se Encarna por amor a los hombres. Los villancicos nos despiertan y avivan nuestra espera. ¿Se espera aún en el siglo XXI, un Salvador? Si hacemos caso de los villancicos, que todos cantamos, y nos encanta oír, diremos que sí, que le esperamos. Pues bien, que nuestra espera sea como la de Zacarías e Isabel, como la de los pastores, pero sobre todo como la de María y José.
Pero aún más, los villancicos, nos hablan de Belén, de un pesebre, de pobreza, de humildad, de paz, de amor. Hay que abrir el corazón, son días para abrir el corazón a la gracia.
Los villancicos son la música de Navidad, una música que nos acerca a Dios y ayuda a que nuestro corazón despierte hacia motivos elevados.

LOS REGALOS.
Los Magos acudieron a visitar a Jesús con regalos. El sentido de los regalos en estas FIESTAS se corresponde con nuestra propia vocación cristiana, puesto que recibimos esa vocación como donación de Dios.  Especialmente con la donación que Dios Padre nos hace concediendo a la humanidad la Encarnación de su Hijo. Por eso, nuestros regalos de “·Reyes” deberán tener un carácter religioso. Su motivación es claramente evangélica y como tal, debe evitarse la ostentación y el despilfarro con ellos.

viernes, 6 de diciembre de 2019

LOS SÍMBOLOS NAVIDEÑOS. 1



Lo divino es bueno y conveniente que nos entre por los sentidos: Belén, un pesebre, la luz, unos villancicos, un árbol… Son símbolos navideños que ayudan a conocer a Dios y a crecer en vida divina.
LA LUZ.
La luz es un bien que vence al mal. Una estrella (luz), aparece ante los Magos. La luz la encontramos en las cuatro velas del Adviento. La luz es amor que supera al odio. La luz es reflejo de la vida que derrota a la muerte.
Según se acerca la Navidad, las alusiones a la luz son numerosas.  Coincide la Navidad con el momento en el que cada día comienza a tener más minutos de luz solar. Las calles de las ciudades se adornan con la luz.
También ponemos luz, iluminamos nuestros belenes, el árbol de la Navidad, etc. Todo eso es para que nuestra alma se abra a la auténtica luz que nace.
Pero, ¡cuidado! Corremos el riesgo de pasar unos días llenos de luz, de música y regalos, pero con alma sin Dios. Esta Navidad, no será así. Será una Navidad diferente.
Las luces nos recuerdan que dejamos las tinieblas y pasamos a la luz porque Jesús es la luz del mundo. En Belén se manifestó al mundo la luz que ilumina nuestra vida.
Figura principal de esas semanas es la Virgen María que fue totalmente envuelta con la luz del Espíritu Santo.
EL PESEBRE.
¿Quién está en el pesebre? Un Niño. ¿Solamente un Niño? Sí, un Niño que es Dios-Amor. “El Verbo hecho carne”.
Ahí está el Emmanuel, es decir, el Creador del mundo que se ha hecho criatura, envuelto en pañales y está acostado en el pesebre.  Ahí está el recién nacido que ha venido a poner su morada entre los hombres. En la oscuridad de aquella noche se encendió una gran luz.
Ese Pesebre está la enseñanza del valor de la vida. El Pesebre canta el don de la vida, porque siempre el nacimiento de un niño tendrá que ser un acontecimiento de alegría. Sin embargo, ¿cómo no pensar en los recién nacidos que son rechazados? ¿O en aquellos otros que nacen en medio de una gran pobreza?
El Pesebre es la sencillez. Ahí en ese Pesebre, “Dios de Dios y luz de luz”, comenzó a ser hombre, verdaderamente hombre. Se hace pequeño, humilde, para vencer nuestra soberbia. Se hace pequeño para librarnos de la pretensión humana de grandeza que brota de la soberbia.
En un Pesebre, el Señor, se encarna, es decir, se pisotea como Dios, elige una cueva, también se pisotea como hombre. Pasa desapercibido. Nadie sabe nada, Sólo María, José y más tarde, unos pastores. El Mesías, el heredero de David, y de Jacob, el Hijo de Dios, oculto en la prosaica condición de hombre.
Es momento de dejarse sorprender: ¡Fíjate, Dios se hace Niño!
Por todo ello, el belén doméstico, es lugar muy apropiado para la lectura del Nacimiento de Jesús y para que la familia ore.
Además, los cristianos tenemos como misión difundir la verdad de la Navidad. Navidad es alegría paz en el alma humana.
EL CANTO DE LOS ÁNGELES.
La Iglesia entera se une al canto alegre de los ángeles, que en la mitad de la noche anunciaron a los pastores el extraordinario suceso ocurrido en una cercana cueva.
Un Niño ha nacido. Su morada está aquí en la tierra. Tenemos que percibir a Dios. Se ha acercado a nosotros. Pasa junto a nosotros. Su venida y su mensaje a unos pastores, ¿no son una clara indicación de que las realidades del mundo (el descanso, el trabajo, el estudio, la vigilancia –en eso estaban los pastores), le interesan y quiere Él también estar en ellas, con nosotros?
El canto de los ángeles fue el gran acontecimiento en la vida de aquellos vigilantes hombres. ¿Seremos capaces de dejarnos sorprender por la gracia que Dios nos entrega en esta Navidad? ¿Nos damos cuenta de la importancia de estar vigilantes ante la gracia que Dios continuamente nos envía?
Dios, amor absoluto y total, abandona todo lo que le pertenece en el hombre. Eso es amar.