martes, 26 de diciembre de 2023

DOCE UVAS


En muchísimos países existe la costumbre o tradición de que al llegar la medianoche del treinta y uno de diciembre, y al sonido o visión de las doce campanadas del final del día y del año, se toma una uva acompañando a cada toque de la campana. Como he dicho es una costumbre y tradición con la que se cierra un año y se abre el siguiente.

A veces, el espectáculo suele ser trasmitido por las cadenas de las televisiones. Y también a veces, en esa transmisión de las campanas se realiza sin el debido respeto a la dignidad de una persona: casi siempre la de una joven guapa, elegante, atractiva y algo desvestida que con simpatía trata de animar la operación de la toma de las doce uvas. 

Este último detalle merece la pena de una pequeña reflexión: cuando la esposa o el esposo se desviste en su habitación ante su cónyuge no hay ninguna grave alteración en la convivencia entre los dos. Por la sencilla razón, de que el esposo mira a su esposa, también en ese momento como una persona. Igualmente ocurre en la mirada de la esposa al esposo en idéntica situación. No ha fallado la concepción que se tiene del cónyuge. Así era la relación de Adán y Eva en el Paraiso y era incluso la que Dios mismo propiciaba.

Sin embargo, en el caso de la chica guapa que acompaña a las doce campanadas, la situación no es la misma. Algo desvestida dije más arriba, y su misión no sólo es tomar las uvas a cada sonido, es más, se ha convertido en objeto, ha deteriorado su persona. La gravedad está en esto mismo: no se ofrece como persona, sino como objeto.

Quien comprenda que uno de los valores más hermosos y grandes que tenemos es la dignidad como persona, sabrá entenderme. Aclaro la cuestión con un ejemplo más: Paseamos por una playa y vemos a muchísimas chicas guapas y muchísimos chicos estupendos, unos y otras con su correcto bañador y nos parece bien. Algunos, algunas, incluso muy elegantes. Los miramos como a personas. Más adelante nos cruzamos con un chico o una chica, en el que les falta una o más piezas del bañador: se está ofreciendo como un objeto de uso. Es muy parecido a una lata de coca-cola, la bebemos, la utilizamos y desechamos la lata porque como envase ha cumplido su misión, es un objeto.

Pero ¿ocurre los mismo cuando contemplamos la Venus de Milo? Evidentemente, no. 

 

martes, 19 de diciembre de 2023

UN DESCANSO A LA DOPAMINA


 

En el exceso de consumo de la felicidad, tiene parte importante la dopamina. Este neurotransmisor facilita la sensación de felicidad. Felicidad que nos puede llegar por el número de whastsApp que recibimos, de Facebook o de películas de amor que vemos. O por supuesto, por la adición al chocolate u otro ingrediente apetecible. Es el número de estimulantes y excitantes quienes provocan esta situación.

¿Qué conviene hacer? Moderar el trabajo de la dopamina. En el caso de que no lo hagamos, llegará un momento en el que los whatsApp o los Facebook o las películas románticas o policiacas, que tanto nos gustan, la afición por las fotos, no nos producirán el placer. Hemos llegado al hastío.

El remedio: dar vacaciones a la dopamina. Es decir, restringir lo que nos está dando placer y buscamos ansiosamente. Una persona en estado de ansiedad, irritable, con depresión e insomnio, necesita descanso de dopamina y para eso el mejor remedio es moderar, dar templanza a esos estímulos que tanto deseamos y buscamos con excesiva frecuencia. Una temporada de abstinencia, y pasado ese periodo, ese tipo de películas, de hacer fotos, de recibir mensajes, nos volverá a dar felicidad: la dopamina descansó y regresa nuevamente para darnos gusto por aquellas cosas.

viernes, 8 de diciembre de 2023

LA MORALIDAD DE LA INMORALIDAD


 

Decía un Jefe de Estado de un país europeo a su amigo Epafras, que apartarse de la disciplina del voto en una votación de ley o algo similar, en el parlamento del país, eso es una inmoralidad.

Justo, le respondió Epafras. Y ¿hacer pactos con un delincuente, con un Curro Jiménez, no es también inmoral?

Claro que sí, afirmó el ejecutivo, pero ciertamente, una inmoralidad no se limpia ni subsana con otra inmoralidad.

Cierto también, añadió Epafras. Sin embargo, la primera y la segunda inmoralidad solamente pueden blanquearse con un acto moral. Por ejemplo, con una heroica virtud. Nada hay más seguro para impedir la inmoralidad que, las virtudes de la justicia y la veracidad. ¿No piensas, añadió Epafras, que si en la política, en los negocios, los juicios… brillasen estas dos virtudes, la vida nos sería más honesta, agradable y feliz?

Su amigo, el Jefe de Estado, no respondió.

Y si aún permanece alguna duda, pregúntese a Teresa de Jesús y Ahumada, que de heroicas virtudes tenía algunos masters.

¿O es que la ejemplaridad la hemos enterrado en noviembre con el mes de los difuntos?