viernes, 8 de diciembre de 2023

LA MORALIDAD DE LA INMORALIDAD


 

Decía un Jefe de Estado de un país europeo a su amigo Epafras, que apartarse de la disciplina del voto en una votación de ley o algo similar, en el parlamento del país, eso es una inmoralidad.

Justo, le respondió Epafras. Y ¿hacer pactos con un delincuente, con un Curro Jiménez, no es también inmoral?

Claro que sí, afirmó el ejecutivo, pero ciertamente, una inmoralidad no se limpia ni subsana con otra inmoralidad.

Cierto también, añadió Epafras. Sin embargo, la primera y la segunda inmoralidad solamente pueden blanquearse con un acto moral. Por ejemplo, con una heroica virtud. Nada hay más seguro para impedir la inmoralidad que, las virtudes de la justicia y la veracidad. ¿No piensas, añadió Epafras, que si en la política, en los negocios, los juicios… brillasen estas dos virtudes, la vida nos sería más honesta, agradable y feliz?

Su amigo, el Jefe de Estado, no respondió.

Y si aún permanece alguna duda, pregúntese a Teresa de Jesús y Ahumada, que de heroicas virtudes tenía algunos masters.

¿O es que la ejemplaridad la hemos enterrado en noviembre con el mes de los difuntos?

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