lunes, 27 de noviembre de 2023

LA UNIÓN DE AMISTAD CON JESUCRISTO, NUESTRO SEÑOR


 

Próximo el Adviento, bueno será dedicar tres minutos a mirar a JESÚS.

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Con las buenas obras avanza el reino de Jesucristo en el mundo y construyes ese mismo reino en el alma. Es así como la Presencia del Amor habita en la intimidad del amigo. Es Jesús en todo y por el que se actúa mañana, tarde y noche. Entonces, el buen siervo de Dios crece en deseos de no parar[1]. Finalizada una tarea, un encargo, y rápida y sosegadamente inicia otro: le empuja el amor. Pero no se considera propietario de ninguna de aquellas iniciativas y trabajos.

Todo se hace por Él y para Él.

Esta es la más grande aventura que puede concebirse: la íntima amistad con el Señor; contemplando en todo tiempo y lugar al Amado del alma, que sólo es posible si estás desasido de personas, de cosas y de sucesos. Porque todo es estiércol ante el verdadero Amor. 

                    Si el amor que me tenéis,

                    Dios mío, es como el que os tengo,

                    Decidme, ¿en qué me detengo?

                    O vos, ¿en qué os detenéis?[2]

En esta aventura, todo pasa a un segundo plano. En el primer plano sólo está Dios en el alma. Sin embargo, el cariño por muchas criaturas que fueron apareciendo en su camino, permanece en su corazón siempre enamorado. Por todos y para todos, anheló continuamente la salvación: las almas, el provecho de las almas es su intención permanente. La gran pasión es pues, amar a Dios, y que igualmente todos los que pertenecen a su familia y ambiente, le amen localmente. Las buenas obras ayudan a que otros muchos también amen al Amado: cooperador de la redención, corredentor: Andad arraigados y fundados en Cristo, pues de él estáis llenos (Col 2, 7 y 10).

En medio de los muchos trabajos, el alma busca constantemente la oración, en la que se llena de sustancia espiritual, porque sólo en su Presencia es fuerte para continuar con toda la empresa: las múltiples ocupaciones no le distraen del primer plano de su vida: la unión con el Señor. Cuando el alma se desenvuelve así, la contemplación no perjudica a la acción, ni la acción a la contemplación. Es el Señor que hermosea el alma.

Jesús le había pedido esa unión de amistad y para lograrla le dijo: Ama la humildad. Este ejercicio le facilitaba la comprensión y la caridad. Ha entendido que humildad y caridad van unidas y la unión de estas dos virtudes en el alma, y siempre con la gracia de Dios, favorecen ser atento, cordial, agradable, alegre, constante.

A María, siguiendo la imitación de Isabel, la llamaba La Madre de mi Señor. A ella acudía constantemente con jaculatorias, peticiones y miradas implorando su protección y la de los suyos.



[1] Teresa de Jesús. Camino de perfección, 36-5-

[2] Teresa de Jesús. Si el amor que me tenéis.

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