Así solemos llamar al chico carente de voluntad. No tiene la
capacidad para proponerse hacer planes y hacerlos, o tiene esa capacidad muy
debilitada.
Son chicos que fallan en dos puntos importantes: el orden y
la constancia.
Sus educadores fallaron probablemente hace ya tiempo en la
educación de la voluntad porque le consintieron caprichos, hacer sus primeros
deseos no bien pensados y planeados muchas veces, cambiar de planes o actividad
al menor contratiempo, resolverle quehaceres propios de la edad, que ya
deberían ir haciendo ellos mismos, etc.
Son esos chicos que aparecen por las aulas, con cuadernos
incompletos, apuntes anárquicos o con grandes lagunas, retrasos en las entregas
de las tareas; o esos otros que le plantan sus ojos al profesor desde que este
comienza la clase hasta que se va, sin haber movido un centímetro el bolígrafo
sobre el cuaderno.
Determinaciones muy
peligrosas del perezoso suelen ser:
- "Luego acabo el trabajo."
- "Como no tengo que entregarlo hasta la semana que viene, me sobra tiempo."
- "Mañana comienzo en serio."
Qué pueden hacer padres
y profesores.
Para educar la
voluntad será preciso:
* Motivar.
* Poner orden.
* Exigir constancia.
* Proponer metas
personales.
Motivación:
Hay que realizar un esfuerzo para crear ilusión en el chico.
Ilusión por algo para empezar, a continuación proporcionar el refuerzo
intermitente: hay que lograr que el perezoso haga algo bien, que se le pueda
premiar. Ese premio es de una importante significación para el logro del siguiente
aprendizaje.
Gran fuerza motivadora tiene la presencia del educador, a
veces, incluso mayor que la del propio mensaje. Educadores creadores de
situaciones gratas, tranquilas, serenas, comprensivas, acogedoras, suelen ser
personas propiciadoras de ilusión para el alumno.
Orden:
El primer ejercicio de orden que hay que facilitar, con la
colaboración de los padres, es la fidelidad al horario. En caso contrario,
estudiar es imposible.
Orden es cada cosa en su sitio. Al orden ayudan las carpetas,
agendas, clasificadores, el horario, el cuaderno de anotaciones, y la puesta en
práctica de los indicaciones que dan los padres y profesores.
Constancia:
Ayudan a ser constantes:
* La claridad de lo que se quiere.
* La concentración en pocas metas.
* La exactitud en lo que se proyecta para cada momento.
La constancia proporciona satisfacción y contento: uno se va
a la dormir con la alegría de que hizo lo que debía.
Con el orden y la
constancia se logra:
-. Resistencia.
-. Carácter emprendedor.
Metas personales:
Las metas personales facilitan la consecución de hábitos y
éstos son los precisos para abandonar la vida perezosa.
Primero una pequeña meta personal que debe ser lograda en un
corto periodo de tiempo. Esta consecución proporcionará la lucha para conseguir
la segunda pequeña meta, y así sucesivamente. Metas que al llevar exigencia,
hay que saber presentar atractivamente.
Lógicamente tienen que ser los padres y profesores los que acuerden con el perezoso
esas metas personales y a ellos debe el joven presentar los resultados.
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