viernes, 6 de octubre de 2017

Conoce a tus hijos: EL NIÑO DIFÍCIL


El niño con problemas de conducta antisocial, agresivo, oposicionista, aparece con alguna frecuencia en las familias y en las aulas. A veces no presenta un trastorno profundo, sino más bien "reaccional", debido a una inadaptación al ambiente o a su escolaridad. En otras ocasiones puede ser un trastorno más serio, y casi siempre en estos casos sucede porque detrás del niño hay una situación familiar conflictiva: padres exigentes con o sin maltrato a los hijos, conflictos entre los propios padres o su separación, alcoholismo paterno, conducta antisocial del padre/madre biológico, faltas de normas en la vida familiar, la frecuente asistencia durante la infancia a películas y programas violentos, etc.  En uno u otro caso, el niño suele ignorar los derechos de los demás o viola las normas propias de su edad. Estamos ante este problema cuando el chico, durante varios meses, presenta un paquete de varias señales referidas a ese trastorno.

 Señales como:
* Absentismo escolar o escapadas de casa.
* Consumo de alcohol antes de los 13 años.
* Robos o destrucción deliberada de la propiedad ajena.
* Deterioro en los edificios, coches o instalaciones variadas.
* Provocación de peleas y crueldad con personas o animales.
* Empleo de armas con finalidad agresiva: navajas, cuchillos, botellas rotas, etc.
* Forzar sexualmente a alguien.
* Desobediencia provocativa a la autoridad.

A menudo el trastorno de conducta antisocial aparece unido al trastorno de hiperactividad y también suele ir acompañado de un rendimiento escolar deficiente.

Muchos de estos problemas de conducta pueden tener solución durante la infancia y adolescencia. Su resistencia anunciaría por el contrario problemas futuros en la madurez, como conductas delictivas, personalidad antisocial, alcoholismo y débil adaptación al trabajo o a la pareja.

Los educadores ayudan al "niño difícil".
1. Haciéndole participar en juegos o concursos de clase y prestándole especial atención a que se respeten las reglas.
2. Hacerle participar en actividades pro-sociales: asistencia a dar comidas en una Residencia de Ancianos (una vez por semana); entretener con juegos a niños hospitalizados con algún tipo de discapacidad; participar en la limpieza de un jardín o bosque; tener un encargo en el aula y en el hogar con el que preste un servicio destacado a sus compañeros, y familia, etc.
3. Invitarle a ver películas que presenten personajes o situaciones con algún liderazgo social.
4. Reforzar positivamente siempre que se presente una conducta adecuada. Evitar reforzar las conductas antisociales con una mayor atención educativa. Buscar la extinción de las mismas.
5. Negociar acuerdos a las conductas antisociales del alumno. Castigar en los momentos en los que el comportamiento haya sido peligroso. Aclararle que se castiga el suceso.
6. Invitarle como observador, a las reuniones del Tutor con los delegados de la clase, una vez al trimestre o periodos inferiores si fuese necesario.
7. Acrecentar el diálogo continuo con la familia del alumno para seguir líneas paralelas de actuación.
8. Prepararle un plan de animación a la lectura para que mejore su capacidad lectora y se aficione a leer textos y narraciones que conllevan un estímulo a la colaboración pro-social y solidaridad.
9. Ejercicios de relajación que facilitan el reposo mental.
10. Descubrirle mediante la propia vida ordinaria de la clase la satisfacción de la cooperación en un pequeño proyecto.
11. Incluirle en un programa de actividad deportiva. El deporte canaliza la agresividad y afirma su personalidad.
12. Hacerle participar en discusiones o debates de clase en los que hay que exponer las ideas muy lentamente.


            

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