lunes, 16 de enero de 2017

PUREZA Y VIRGINIDAD DE HILDEBRAND. 1


PONTIFICIO INSTITO GIOVANNI PAOLO II
PARA EL ESTUDIO DEL MATRIMONIO Y FAMILIA
Recensión Final  de la obra
“Pureza e Virginidad”
de Dietrich von Hildebrand. Roma 2004
Obra:                    “Purezza e Verginitá”
Autor:                  Dietrich von Hildebrand,
Editor:                  Borla Editore, 210 páginas, Torino 1964
Presentación
¿Cómo hablar de pureza a los jóvenes de hoy? ¿cómo hablar de virginidad a un mundo que cuestiona la castidad?, ¿Cómo hablar de donación de sí a un mundo que solo busca poseer?

En estos días, a inicios del tercer milenio, la obra de Dietrich von Hildebrand “Pureza y Virginidad” busca que podamos comprender la virtud de la pureza y la misteriosa belleza de la virginidad consagradas a Dios; cobrando vigencia especial en su serio esfuerzo por demostrar la importancia de estas dos virtudes y el valor que representan para aquellos que buscan consagrarse a Dios de una manera seria y responsable. La voz de Dietrich von Hildebrand se levanta, profética y luminosa capaz de mostrarnos el camino a seguir en un mundo que vive en la penumbra de la verdad.

La obra está dividida en dos grandes secciones: la primera es dedicada a la Pureza y la segunda a la Virginidad; divididas a su vez en tres partes la primera y en dos partes la segunda. El punto de partida de la reflexión del autor parte de la sexta bienaventuranza del “Sermón de la Montaña”: “Bienaventurados los de corazón limpio, porque ellos verán a Dios”. Éste es el fundamento escriturístico para a hacer de la virtud de la pureza el centro de la moral cristiana, y de otra parte presupuesto indispensable por la unión con Cristo. El concepto de pureza ha sido subvalorado, porque algunos la reducen al sentido común, otros la reducen a una casuística individual y otros ven el ideal de la pureza como separado de la esfera de los sentidos”.

Pureza e Impureza, y su relación con la esfera sensual.
La virtud de la Pureza no puede ser tomada en cuenta en el hombre fuera de la esfera sensual. Pero es necesario distinguir la esfera física de la sensual, mientras que en la primera se ubica la satisfacción de las necesidades básicas, la segunda supone, en cada una de sus manifestaciones, la participación del alma.

La esfera sensual, a diferencia de la física, tiene un carácter específicamente íntimo. Aquí nos encontramos en el campo del Pudor. El hombre se avergüenza a desvelar este misterio delante de los otros. Por eso la pudicia y la impudicicia en una persona dependerán de su comportamiento respecto a esta esfera. Esta esfera constituye el “secreto” de cada uno y revelarla equivale a darse uno mismo.
Desde San Agustín, la Iglesia asigna al matrimonio una triple finalidad: “Fides” (fe), “Proles” (hijos) y “Sacramentum”. Proles (hijos), por cuánto el hombre es un ser vivo; fe, por cuánto el hombre tiene una sed trascendental; y Sacramentum, por cuánto busca la comunión con Dios.

La expresión física del amor conyugal se convierte en un total abandono del yo al otro en una unión incomparable. Tal regalo representa un donarse recíprocamente él uno al otro. Existe pues una estrecha conexión entre la esfera sensual y la esfera espiritual. Von Hildebrand diverge radicalmente de los psicoanalistas que reducen el amor entre hombre y mujer, a una “sublimación del instinto sexual”; Acusándoles de una absoluta incomprensión de la estructura espiritual de la persona y de desconocer la esencia del amor, el acto espiritual más elevado.

Es necesario adquirir conciencia de la plena independencia y soberanía del amor sobre la esfera sensual. En la esfera sensual el amor conyugal es su propia centralidad, su poder específico de unión y fusión. Solo entonces comprenderemos la conexión existente entre esfera sensual y amor conyugal. Concebir exclusivamente el amor conyugal como medio para la procreación, significaría subordinar a la persona "en quantum homo" a la persona "en quantum animal", posición típicamente materialista; por lo que reducir la conexión entre esfera sensual y espiritual a una simple relación de finalidad, presenta el grave peligro, de reducirlo a una concepción biologicista. Por esto, aunque la unión conyugal tiene como fin la procreación, asume al mismo tiempo el sentido de una unión de amor único, de donación de sí mismo para que éste no se convierta en un acto bestial.

La esfera sensual, sin embargo presenta una dualidad misteriosa, ofrece dos posibilidades: dónde el hombre, o se entrega al misterio conyugal, donde la unión de dos seres ocurre a la presencia de Dios, o se entrega al misterio de un horrible pecado, entregando a la carne, profana y violenta separándose de Dios. En esta relación estará presente siempre el peligroso abismo del pecado a que nos conduce el abuso de la esfera sensual. En síntesis podemos afirmar que la esfera sensual porta un aspecto positivo y dos aspectos negativos: aquel del amor como don de si y querido por Dios, y por otro lado las dos caras negativas: El atractivo portador de turbación y la seducción demoníaca .

Un acto se vuelve inmoral cuando la atracción se ha independizado del otro ser pasando éste, de  fin de nuestra donación a convertirse en el objeto de nuestra pasión. Este acto puede definirse como una degradación del sujeto, equivale a una terrible profanación, a la que se llega cuando una algo destinado a un alto fin es usado en un sentido diametralmente opuesto al original.


Cuando la esfera sensual se vuelve autónoma, la persona resulta contaminada, el alma se vende a la carne y se determina una separación de Dios, que no encuentra paralelo en ningún otro pecado. Buscar solamente la esfera sensual por el placer físico que proporciona, lleva al hombre al grado del animal. Entregándose al placer sensual, el espíritu se hace esclavo de la carne.

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