lunes, 23 de enero de 2017

PUREZA Y VIRGINIDAD 2


PUREZA Y VIRGINIDAD SEGÚN DIETRICH, VON HILDEBRAND. 2
 Obra:                   “Purezza e Verginitá”
Autor:                  Dietrich von Hildebrand,
Editor:                  Borla Editore, 210 páginas, Torino 1964

Pureza, Indiferencia Sensual y Castidad.

Una persona es sensual cuando tiene la esfera de sus instintos desarrollada en toda su amplitud.  Se trata de una simple disposición constitucional que puede encontrarse incluso en una persona espiritual, como también en un libertino. Con la diferencia que el primero tratará de frenar con la voluntad su naturaleza instintiva y no le permitirá tener ventaja.

Por "insensualidad" se entiende la incomprensión de la esfera sensual, propia del hombre carnal. La insensualidad, no debe ser identificada con la pureza y tampoco constituye un terreno propicio para tal virtud. La distinción entre pureza e insensualidad radica en el hecho que la primera otorga a la persona una espiritualidad específica, que no sucede en la impureza como tal. Más bien ésta tiene una grave “deficiencia espiritual”. El individuo indiferente es un ser incompleto a quien le falta algo para ser completamente hombre, es un ser capaz de condicionar la vida humana en todos sus aspectos. Solamente el ser puro es un hombre completo.

La insensualidad es una simple disposición natural, la pureza en cambio una virtud típica. La insensualidad es la falta de receptividad con respecto de la esfera sensual, sin la mínima toma de posición con respecto del ámbito de lo puro o lo impuro. La Virtud de la pureza en cambio asume una posición diametralmente opuesta: es tomar los valores positivos y negativos inherentes a tal esfera y darles una respectiva respuesta. El hombre puro comprende que la esfera sensual pertenece a Dios de modo especial y su empleo tiene que ser según el diseño de Dios, y éste se da exclusivamente en el sacramento del Matrimonio.

Estableciendo una comparación entre la pureza y la castidad podemos constatar que la  castidad está predispuesta a la esfera sensual y la “custodia”. Ella constituye al mismo tiempo un presupuesto y una consecuencia de la pureza y está ordenada con base en la esfera sensual y consiste únicamente en el recto comportamiento de la persona con respecto de ella, mientras que la pureza presenta una aptitud de respuesta a los valores. En el hombre, la castidad está necesariamente unida a la pureza: Es la pureza quien le otorga un sentido a la castidad.

El hombre puro en el ámbito del matrimonio.
La actualización de la esfera sensual representa, "el acto central" de nuestro cuerpo. En él se despierta la vida corporal: constituye el acto dotado de mayor intensidad vital: engendrar nuevos seres. La esfera sensual representa la más grande potencia en la zona del ser vital corporal. Solamente el amor conyugal tiene en si la fuerza de unir orgánicamente la esfera sensual con la persona espiritual para transformarla y liberarla de todo cuanto podría turbar el “resplandor del alma delante de Dios”.

En el amor verdadero están presentes dos elementos fundamentales: la “benevolentia” y la “intentio unitiva”. De una parte nuestra respuesta se da como una efusión de bondad, de otro lado se expresa en la aspiración a la unión con el otro, en el don de nuestro corazón, en la sed de poseer el corazón del otro y de constituir un todo único con él.


En el amor hacia Dios predomina la “intentio unitiva”, a quien va dirigida la efusión de bondad. La unión conyugal debe ser penetrada e invadida por la ternura. El hombre puro dirige una mirada particular a Dios: es indispensable fijar sobre Dios una mirada humilde, colmada de respeto y de gratitud. El hombre puro sabe que la esfera del acto conyugal pertenece a Dios porque es consciente de la frase: “Y ellos serán una sola carne."

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