viernes, 16 de noviembre de 2018

LA SAGRADA ESCRITURA


1. Son los libros escritos bajo la inspiración del Espíritu Santo, que tiene a Dios por autor y son, en consecuencia, “una carta escrita por Dios a sus criaturas” (San Gregorio Magno).
Del profeta Jeremías: "Encontré tus palabras y me alimenté con ellas; tu palabra fue la gloria y la alegría de mi corazón".(Jr. 15, 16).
2. Propiedades de estos libros.
Son auténticos. En el caso de los evangelios, fueron recibidos como auténticos por los discípulos inmediatos de los Apóstoles (San Clemente, San Policarpo, etc .), quienes citan tales libros atribuyéndolos a sus autores, como lo hacen asimismo los Padres de los siglos tercero y cuarto.
Son íntegros. La Iglesia veló por su integridad impidiendo la más insignificante alteración, como lo demuestra la sustancial identidad que se observa en los códices y manuscritos antiguos.
Son veraces. Los escritores del Nuevo Testamento refieren hechos de los cuales fueron testigos o actores, Refieren hechos públicos de los que era testigo un pueblo entero y que podían, por consiguiente, ser fácilmente desmentidos en el caso de que hubiesen sido inventados o tergiversados. Murieron mártires por mantener la verdad de los hechos que habían expuesto.
¿Cómo explicar, pues, la conversión del mundo? Responde San Agustín: O el mundo se convirtió por los milagros, o no. Si se convirtió por la indiscutible realidad de los milagros, la religión cristiana es verdadera. Si se convirtió sin milagros, se convirtió sin causa suficiente, en cuyo caso esa conversión, debida a doce Apóstoles desprovistos de todo recurso humano y realizada a despecho de las pasiones, contra el poder del mundo y en medio de terribles dificultades y persecuciones, constituyen por sí sola un milagro de orden moral.
O como decía Pascal: “Sólo creo en la historia, cuyos testigos se dejarían degollar”.
3. La inspiración.
La inspiración es un influjo o carisma de Dios sobre la inteligencia del profeta de tal modo que lo escrito debe ser considerado ante todo de Dios. Los libros inspirados son, por consiguiente, divinos, no sólo por razón de su autor. Dios es el autor principal de la Escritura; el escritor sagrado es solamente el autor secundario; es el instrumento –inteligente y libre- de que Dios se ha servido.
La inspiración exige:
Primero, que el autor se mueva a escribir por impulso del Espíritu Santo.
Segundo, que sea iluminado por Él en orden a conocer lo que debe escribir.
Tercero, que esté asistido de tal manera que escriba sin error todo aquello y sólo aquello que Dios quiere.
4. La posibilidad de errores.
No la hay. Todo lo que contenido en la Sagrada Escritura es palabra de Dios; como Dios no puede mentir ni errar, ni engañar, también su palabra debe necesariamente estar inmune de toda mentira, error o engaño.
5. Confrontar el Antiguo y el Nuevo Testamento.
En particular, El Primer Testamento sea leído a la luz del Segundo, donde encuentra su sentido pleno, y a su vez que el Nuevo Testamento  sea leído a la luz del Antiguo en orden a reconocer la pedagogía divina que guía a la humanidad por el camino histórico de la Salvación.
6. La Sagrada Escritura tiene respuesta a los problemas de hoy.
Efectivamente, en el texto bíblico se encuentra la respuesta a los grandes interrogantes de hoy; la Escritura es viva y eficaz, y por eso contemporánea a todos y a cada uno de los lectores, a los que exhorta, ilumina y conforta. San  Jerónimo añade que el desconocimiento de las Escrituras es desconocimiento de Cristo.
7. La Sagrada Escritura en el Vaticano II.
“Es tan grande el poder y la fuerza de la Palabra de Dios, que constituye sustento y vigor de la Iglesia, firmeza en la fe para sus hijos, alimento del alma, fuente límpida y perenne de vida espiritual” (Dei Verbum, capítulo 6).
8. Sustento y vigor de la Iglesia.
Es su alimento. Sin alimentos no hay vigor. El sustento y vigor del estudiante es el estudio. Si no se estudia, no hay nada.
La Iglesia se alimenta continuamente de la Sagrada Escritura. Cualquier encíclica de todos los Papas está rebosante de citas de las S.E.
En ella encontramos todo lo que pertenece a la fe, esperanza, caridad y costumbres del pueblo cristiano.
Sócrates, Aristóteles,… encuentran que el conocimiento, el acto de conocer, es importante sustento para ellos. Algo semejante es la S. E. para la Iglesia.
El reciente Catecismo de la Iglesia Católica, nace de la fuerza de las S. E.
9. Firmeza en la fe para sus hijos.
Cuando San Pablo argumenta que la salvación nos viene por Jesús, se apoya en la fe de los grandes patriarcas del A. T. Y él, se convierte en un hombre de fe, que domina la S. E.
El hombre que cree, hombre de fe, mejora a la humanidad, a todo ser humano. David cree que el Señor puede perdonarle y nos deja un montón de salmos.
La propia vida de Moisés, es un continuo acto de fe. O la de San Francisco de Asís que nos descubre el valor de todo hombre y de la naturaleza.  Y así, tantos otros.
10. Alimento del alma.
Dos poderosos alimentos tiene el alma: la Eucaristía y la Sagrada Escritura. Con esos alimentos, Sto, Tomás de Aquino escribe su teología. San Juan de la Cruz y Sta. Teresa de Jesús, sus escritos místicos. San Josemaría encuentra en las S. E., las tres ideas madres de su espiritualidad: la llamada universal a la santidad, la santificación del trabajo y la filiación divina.
En el episodio de la Transfiguración, una voz de una nube dice: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo mi complacencia; escuchadle” (Mt. 17,5). Esto es, leed el evangelio!
11. Fuente de vida espiritual. Algunos ejemplos.
11.1.Benedicto XVI: “El Magníficat es un tejido e palabras de la Sagrada Escritura, y nos muestra como María vivió en un coloquio permanente con la palabra de Dios y, así, con Dios mismo” (Encuentro con sacerdotes en Roma el 22-2-2007).
11.2. El Vaticano II dice: “Que los cristianos hallen en la S. E. la fuente principal de sus oración y de su vida religiosa”. Es por lo tanto, el libro base para conocer la voluntad de Dios. Es el gran recurso y medio para la oración.
11.3. San Pablo quince días de coloquio con  San Pedro en Jerusalén (conociendo el evangelio) y de allí saca gran parte de la fuerza para evangelizar.
11.4. “Como la lluvia y la nieve descienden del cielo y ya no vuelven más allá hasta que no han empapado y fecundado la tierra…, lo mismo sucede con la Palabra que sale de mi boca. No vuelve otra vez a mí sin efecto, sino que ejecuta lo que yo he querido” (Is, 55, 10-11).
11.5. “Es necesario que la escucha de la Palabra se convierta en un encuentro vital…, que permite encontrar en el texto bíblico la palabra viva que interpela, orienta y modela la existencia” (Juan Pablo II: Novo Millenio Ineunte).
11.6. Cuenta Holzner que “el héroe de la marina inglesa, Nelson, leyó el Nuevo Testamento en su capitana la mañana de la batalla naval de Trafalgar. Hijo de un clérigo inglés, estaba familiarizado desde joven con la Sagrada Escritura, y hallaba en ella, como otros atrevidos héroes, consuelo y fortaleza. La Sagrada Escritura es útil para todo. Es un libro extraordinariamente práctico para todas las situaciones de la vida. Es también un libro heroico: un libro de héroes y para héroes y para la formación de héroes”.
11.7. Teresa de Calcula dice:
            “Llevando el evangelio a la oración, permitiremos a Cristo crecer en nosotros” (Para Orar con Teresa de C., 61,6).










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