viernes, 20 de abril de 2018

GIANCARLO CESANA Y LA EDUCACIÓN



Giancarlo Cesana, médico y psicólogo italiano, aunque ha dedicado 40 años a estudiar como médico y psicólogo el estrés, especialmente en entornos laborales, también ha sido un apasionado de la pedagogía y da clases en la Universidad de Milano-Bicocca.
¿Hay que educar como nuestros padres? En muchas cosas, sí.
Han pasado muchas cosas desde el 68, incluso desde los 80. Internet está en el bolsillo, hay opciones de ocio casi infinito y los padres dudan sobre cómo educar a sus hijos. ¿Cuántas de las cosas que aprendimos de nuestros padres, sobre horarios, reglas, prohibiciones, tienen sentido hoy?
Cesana lo tiene claro: "Las reglas familiares que valían para educar a los que hoy tienen 40 o 50 años siguen siendo válidas. Aunque entonces no hubiera móviles o Internet. Pero hay que tener en cuenta que lo que funciona bien en la educación no es tanto poner reglas como tener clara la razón tras las reglas. Por ejemplo, yo nunca prohibí a mis tres hijos ver televisión, pero siempre procuré que pasaran más tiempo fuera, con otros chicos. Ellos prefirieron los amigos a la tele. También hoy un chico educado en la amistad preferirá los amigos a Internet".
Una de las mejores cosas que pueden hacer los padres hoy es encontrar buenas amistades para sus hijos, que prefieran la amistad real a las pantallas y el consumo.
Cesana insistirá siempre en la importancia de la amistad y la comunidad, la única respuesta al individualismo y también a la masa deshumanizante. El cristianismo es la religión de la amistad.
"Los hombres no estamos hechos para vivir solos, sino para vivir en amistad, para querer y ser queridos. Lo que sostiene la vida es la libertad y lo que potencia la libertad es la amistad. El cristianismo es una religión de la amistad. Es Dios quien hace compañía al hombre en el cristianismo. La ley del cristianismo es la amistad. Pero ¿qué es la amistad? Es querer bien al otro de acuerdo a aquello a lo que está destinado, a lo bueno para él, no lo que me conviene a mí. Esto hay que enseñarlo porque eso en el móvil no está. El problema es que los chicos de hoy viven muy solos, incluso cuando se juntan".
Cuando un padre de familia pregunta a Cesana cómo educar a sus hijos, que al entrar en la adolescencia, momento en el que marcan distancias y dejan de escuchar a los padres, él vuelve a insistir en la importancia de una comunidad cristiana en la que el adolescente, el joven, adquiera esos buenos ejemplos, gente con la que crecer.
Hoy un cristiano no puede (ni tampoco otra persona con convicciones contracorriente) plantarse solo frente a los poderes de convicción del "sistema", mucho más fuertes y distractores que hace cuatro décadas. El mundo, la ideología, el conformismo, se lo comerá. El cristiano necesita crecer en la fe y crear una cultura alternativa, transformadora... y para eso necesitará comunidad.
Aunque no cita al Papa Francisco, quien a menudo lamenta que los jóvenes hoy no tienen raíces, también Cesana denuncia que son educados sin conocer su tradición, su historia, su cultura, ni siquiera los que estudian Magisterio o Pedagogía. No entienden que, durante siglos, la reflexión sobre el bien y el mal, sobre el ser hombre, ha pasado de generación en generación.
¿Diferencia entre psicología y educación? ¡La libertad!
Giancarlo Cesana explica que en sus estudios sobre el estrés entre los trabajadores públicos de Milán descubrió que los más estresados eran los que trabajan con el público y los docentes. También en España los problemas mentales y las bajas por depresión de los profesores son desproporcionados.
"Una profesora de Magisterio me invitó a conocer a sus alumnas, chicas que querían ser enseñantes. Les pregunté: "¿qué diferencia la psicología y la educación, cuál es su núcleo? Nunca se me responde a esta pregunta. La psicología estudia la mente, y se plantea cómo arreglarla si se estropea. Pero ¿y la educación? El núcleo de la educación es la libertad, la educación se dirige a la libertad. Mientras que la psicología es limitada, estudia mecanismos, la educación o pedagogía es amplísima: se dirige a la libertad, implica amigos, vecinos, hijos, alumnos. Es toda la vida la que interpela a la libertad".
Y para que haya libertad, no basta con poder "elegir", sino con conocer y buscar la verdad. "Yo en eso sigo a Santo Tomás: la libertad es la adecuación del deseo a la verdad". 
¿Y qué es la verdad?, plantea Pilatos a Jesús. “Muchos de nuestros contemporáneos, especialmente los que se consideran independientes y cultos, tienen una idea abstracta, intelectual o libresca de la verdad; una idea, de hecho, conformista y cambiante. En este contexto, la tradición de la Iglesia, que se quiera o no constituye gran parte de la historia de nuestro pueblo, hace dos afirmaciones tan rotundas como ignoradas, en el sentido de que ni siquiera se conocen: la verdad no es una idea, sino una persona;  no es una persona que analiza, sino que es caridad, es decir, es una persona que ama. La verdad, el sentido de las cosas, coincide con la persona de Cristo".
La verdad no puede ser algo "muerto, del pasado", un resto arqueológico: sino que vive, y se transmite vivo, que es lo que hace la Tradición, la cristiana y la occidental. Es la Iglesia quien lo mantiene vivo. "Se puede no estar de acuerdo con lo que la Iglesia anuncia, pero no se puede no apreciar su método educativo. La alternativa es seguir métodos ideológicos", escribe Cesana.
Cesana insiste en la necesidad de liberarse de tantas cosas que esclavizan e impiden la libertad, que mutilan, como decía Giussani, los deseos grandes y los sustituyen por pequeños entretenimientos. Los jóvenes de hoy están atascados en la duda patológica, en el miedo que paraliza. "La duda está bien al final del proceso, no al principio. Primero descubres América, luego dudas si es Asia o es un mundo nuevo y sigues explorando, pero si empiezas con la duda no te embarcas nunca. También Popper propone su duda, su falsabilidad, en la última fase de su metodología científica, no al principio".
Pablo J. Ginés/ReL12 abril 2018

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