lunes, 11 de enero de 2016

LA AFECTIVIDAD Y EL AMOR


Ya se expuso que el amor es un gran tesoro. Tesoro que hay que cuidar y que educar. 

El amor es consecuencia de la afectividad, de la inteligencia y de la voluntad. Podemos describir la afectividad como la capacidad de respuesta que tiene una persona a la propensión a querer.
El afecto es la inclinación hacia una persona o cosa que       notamos se produce en nuestro interior, pero que también origina respuestas externas.

El cultivo de la afectividad libera el corazón de temores, de dudas, de inquietudes, de odios, de indiferencias. Cura las heridas emocionales y proporciona que las verdaderas necesidades del corazón sean satisfechas.
La afectividad está en todo lo que hace y piensa el ser humano.

Podemos decir que los comportamientos afectivos aparecen en todas y en las continuas situaciones por las que pasa el ser humano.
Nos educamos en la afectividad por contagio.
Participan en esa educación los padres, los hermanos, los profesores, los amigos, los estudios, la literatura, la música, la pintura, el cine…
En un ambiente de confianza se educa la afectividad.
Es la de la chica de 20 años que un día comunica a su madre que hay un chico con el que se ha visto unas cuantas veces y con el que se escribe mail. “Me parece que me gusta, mamá”, le dice. Más tarde, la hija se retira a su habitación y detrás entra su madre, y allí, solas las dos, hablan, y la madre le explica qué son  los sentimientos, las emociones, el amor. Le está apoyando en el nacimiento de un tipo particular de su afectividad: el amor. 
Continuaremos comentando la relación que existe entre la afectividad y la sexualidad. Será en otro día. 

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