viernes, 13 de diciembre de 2019

SÍMBOLOS NAVIDEÑOS. 2



EL ÁRBOL DE NAVIDAD.
Es evocación del árbol de la vida, plantando en el jardín del Edén y del árbol de la cruz. Sobre el mismo, Benedicto XVI dijo: Cristo es el verdadero árbol de la vida. Árbol siempre verde y fecundo. Árbol de los regalos, entre los cuales no deberían faltar los regalos para los pobres. En el salmo noventa y seis encontramos la frase: “Que dancen de gozo los árboles del bosque, delante del Señor que hace su entrada”. Así, podríamos decir, se asemejan  nuestros árboles de Navidad. Nos hablan del gozo por el Nacimiento del Mesías. Árboles que pretenden que aquella frase del salmo se convierta en una verdad visible: el Señor está presente y los árboles danzan y le alaban.

VILLANCICOS.
Los villancicos nacieron en Castilla en el siglo XV. Eran cantos sencillos.
Nuestro corazón brinca de alegría y de gratitud al escuchar el gran prodigio que anuncian: Dios se ha encarnado. Se Encarna por amor a los hombres. Los villancicos nos despiertan y avivan nuestra espera. ¿Se espera aún en el siglo XXI, un Salvador? Si hacemos caso de los villancicos, que todos cantamos, y nos encanta oír, diremos que sí, que le esperamos. Pues bien, que nuestra espera sea como la de Zacarías e Isabel, como la de los pastores, pero sobre todo como la de María y José.
Pero aún más, los villancicos, nos hablan de Belén, de un pesebre, de pobreza, de humildad, de paz, de amor. Hay que abrir el corazón, son días para abrir el corazón a la gracia.
Los villancicos son la música de Navidad, una música que nos acerca a Dios y ayuda a que nuestro corazón despierte hacia motivos elevados.

LOS REGALOS.
Los Magos acudieron a visitar a Jesús con regalos. El sentido de los regalos en estas FIESTAS se corresponde con nuestra propia vocación cristiana, puesto que recibimos esa vocación como donación de Dios.  Especialmente con la donación que Dios Padre nos hace concediendo a la humanidad la Encarnación de su Hijo. Por eso, nuestros regalos de “·Reyes” deberán tener un carácter religioso. Su motivación es claramente evangélica y como tal, debe evitarse la ostentación y el despilfarro con ellos.

viernes, 6 de diciembre de 2019

LOS SÍMBOLOS NAVIDEÑOS. 1



Lo divino es bueno y conveniente que nos entre por los sentidos: Belén, un pesebre, la luz, unos villancicos, un árbol… Son símbolos navideños que ayudan a conocer a Dios y a crecer en vida divina.
LA LUZ.
La luz es un bien que vence al mal. Una estrella (luz), aparece ante los Magos. La luz la encontramos en las cuatro velas del Adviento. La luz es amor que supera al odio. La luz es reflejo de la vida que derrota a la muerte.
Según se acerca la Navidad, las alusiones a la luz son numerosas.  Coincide la Navidad con el momento en el que cada día comienza a tener más minutos de luz solar. Las calles de las ciudades se adornan con la luz.
También ponemos luz, iluminamos nuestros belenes, el árbol de la Navidad, etc. Todo eso es para que nuestra alma se abra a la auténtica luz que nace.
Pero, ¡cuidado! Corremos el riesgo de pasar unos días llenos de luz, de música y regalos, pero con alma sin Dios. Esta Navidad, no será así. Será una Navidad diferente.
Las luces nos recuerdan que dejamos las tinieblas y pasamos a la luz porque Jesús es la luz del mundo. En Belén se manifestó al mundo la luz que ilumina nuestra vida.
Figura principal de esas semanas es la Virgen María que fue totalmente envuelta con la luz del Espíritu Santo.
EL PESEBRE.
¿Quién está en el pesebre? Un Niño. ¿Solamente un Niño? Sí, un Niño que es Dios-Amor. “El Verbo hecho carne”.
Ahí está el Emmanuel, es decir, el Creador del mundo que se ha hecho criatura, envuelto en pañales y está acostado en el pesebre.  Ahí está el recién nacido que ha venido a poner su morada entre los hombres. En la oscuridad de aquella noche se encendió una gran luz.
Ese Pesebre está la enseñanza del valor de la vida. El Pesebre canta el don de la vida, porque siempre el nacimiento de un niño tendrá que ser un acontecimiento de alegría. Sin embargo, ¿cómo no pensar en los recién nacidos que son rechazados? ¿O en aquellos otros que nacen en medio de una gran pobreza?
El Pesebre es la sencillez. Ahí en ese Pesebre, “Dios de Dios y luz de luz”, comenzó a ser hombre, verdaderamente hombre. Se hace pequeño, humilde, para vencer nuestra soberbia. Se hace pequeño para librarnos de la pretensión humana de grandeza que brota de la soberbia.
En un Pesebre, el Señor, se encarna, es decir, se pisotea como Dios, elige una cueva, también se pisotea como hombre. Pasa desapercibido. Nadie sabe nada, Sólo María, José y más tarde, unos pastores. El Mesías, el heredero de David, y de Jacob, el Hijo de Dios, oculto en la prosaica condición de hombre.
Es momento de dejarse sorprender: ¡Fíjate, Dios se hace Niño!
Por todo ello, el belén doméstico, es lugar muy apropiado para la lectura del Nacimiento de Jesús y para que la familia ore.
Además, los cristianos tenemos como misión difundir la verdad de la Navidad. Navidad es alegría paz en el alma humana.
EL CANTO DE LOS ÁNGELES.
La Iglesia entera se une al canto alegre de los ángeles, que en la mitad de la noche anunciaron a los pastores el extraordinario suceso ocurrido en una cercana cueva.
Un Niño ha nacido. Su morada está aquí en la tierra. Tenemos que percibir a Dios. Se ha acercado a nosotros. Pasa junto a nosotros. Su venida y su mensaje a unos pastores, ¿no son una clara indicación de que las realidades del mundo (el descanso, el trabajo, el estudio, la vigilancia –en eso estaban los pastores), le interesan y quiere Él también estar en ellas, con nosotros?
El canto de los ángeles fue el gran acontecimiento en la vida de aquellos vigilantes hombres. ¿Seremos capaces de dejarnos sorprender por la gracia que Dios nos entrega en esta Navidad? ¿Nos damos cuenta de la importancia de estar vigilantes ante la gracia que Dios continuamente nos envía?
Dios, amor absoluto y total, abandona todo lo que le pertenece en el hombre. Eso es amar.

viernes, 29 de noviembre de 2019

TAN DÉBILES, TAN FUERTES



Quizá como nunca, tenemos hoy estupendos medios para cubrir nuestras necesidades. Estamos enfermos y vamos al médico y a continuación al farmacéutico. Tenemos una dificultad económica y nos acercamos al banco que nos podrá facilitar un préstamo o hipoteca. El hijo/a se ha metido en un penoso lío o ha cambiado sustancialmente su conducta, y nos vamos al psicólogo… Estos y otros muchos avances en disciplinas muy diversas, han logrado que tengamos en muchos aspectos una vida más agradable.
Sin embargo, la influencia del individualismo y del racionalismo también es asunto evidente. En occidente, el racionalismo se ha extendido y anclado en exceso. Nuestro tiempo es científico y tecnológico en el que parece que no tienen cabida ni la religión ni Dios. Hoy gran número de cristianos viven de espaldas a Dios. Es una realidad que procede de la Ilustración.
No obstante, prestigiosos científicos y humanistas declaran su plena adhesión a la trascendencia.

El europeo sufre un preocupante enfriamiento, incluso hay casos de congelación, respecto a la religión. Son tiempos de debilidad.
Sin embargo, la religión en África, América y Asia es una parte fundamental de la sociedad humana. Esos numerosos países están constituidos por hombres con creencias. “En ellos con frecuencia la religión es la que redime al hombre del materialismo, de la guerra y de las luchas fratricidas, de la pobreza y de la desesperación, del individualismo y el egoísmo”[1].

Tiempos fuertes. También los hubo y continúan con nosotros, puesto que otros muchos consideran a la religión el referente más claro y fuerte ante el bien y el mal. Es una convicción con más de veinte siglos de existencia.

Uno de esos tiempos fuertes lo vivió Emérito. En el año 304, en Cartago, el jefe de policía detuvo en casa de Emérito a veintiséis hombres y dieciocho mujeres, todos cristianos que se habían reunido un domingo para celebrar la santa misa. El procónsul interroga a Emérito:
-          ¿Se han celebrado algunas asambleas en tu casa?
-         Sí, replicó Emérito. Nosotros hemos celebrado el dominicum en mi casa.
-         ¿Por qué les permites entrar a todos esos?
-         Porque son mis hermanos y no podía prohibírselo.
-         Hubieras debido hacerlo.
-         Yo no podía, porque nosotros no podemos vivir sin el dominicum.
Esta respuesta le envió al suplicio.

Es lo mismo de Teresa de Jesús en su sencilla y bella poesía en la que dice: “Sólo Dios basta”. O la estrofa del Cántico espiritual de Juan de la Cruz: “Y yéndolos mirando, con sola su figura, vestidos los dejó de hermosura”. Esta es la cuestión: dejar que Él pase y hermosee el alma.

La religión es necesaria. Dios tiene una presencia continua en el mundo. La relación con Dios origina una mejor estima del hombre. Su ausencia, daña al hombre, lo hace más inhumano. No cabe duda que en el cristianismo fuerte, el hombre gana en apertura mental, conoce y vive en una mayor plenitud. Olvidar esta afirmación o combatirla es una forma perfectamente clara de ir contra el hombre y su libertad.

Tan débiles, tan fuertes. Varios Papas y predicadores expertos han propuesto una llegada y consolidación de los tiempos fuertes, son estos: Mejorar el trato con el Espíritu Santo, aumento de la adoración eucarística y arrimar el hombre hasta conseguir un fuerte crecimiento de la caridad.


[1] R. Yepes Stork. Entender el mundo de hoy. Página 223. Año 2010.

viernes, 22 de noviembre de 2019

LOS TRIUNFADORES



En la segunda mitad del siglo XX y en lo que llevamos del XXI, nos hemos venido encontrando con diversos tipos de triunfadores.  En primer lugar, están los grandes ricos y también todos los que últimamente han mejorado sustancialmente su patrimonio: nuevos ricos, les llaman. Aquí están los que han dejado de interesarse por los miles de euros porque están en los millones.

Pero hay más. En estos últimos setenta años han aparecido tres tipos de triunfadores, fruto de su trabajo y unas habilidades específicas que han adquirido y mejorado, más unas circunstancias que en estos pasados decenios han puesto a sus pies. Son los triunfadores del mundo del cine, del deporte y de la canción.
Y hay otro grupo curiosamente muy interesante: son los que han elevado y lanzado los medios: Los “famosos de los medios de comunicación”. Los ligados a la cultura de la “perfomance”.

Un grupo de triunfadores con gran influencia social y bastante apoyo socio-económico son los intelectuales de la corriente “progre”. Hoy, ser progre tiene muchas puertas abiertas. Quizá es que es lo moderno. De su durabilidad aún nada se sabe.

Y, ¿qué ocurre con la ética?
He conocido a otros muchos triunfadores: D. Calixto, médico rural de los años setenta, que atendía a los enfermos de tres pueblos. A D. Argimiro, maestro de primaria que consagró varios años de su vida a enseñar y educar a los niños y muchachotes de pueblos de la “Siberia extremeña”. A Pepe, herrador, con jornadas de catorce y dieciséis horas, cuidando los cascos de los mulos, asnos y caballos de una comarca. A Julio, jardinero, con pasión y esfuerzos para que el jardín del colegio creciese años tras años en lozanía y hermosura.

Todos, personas sencillas, naturales, optimistas y con las alforjas llenas de esperanza. Triunfadores en lo pequeño, en la tarea cotidiana, en el quehacer bien hecho. Casi todos ya desaparecidos o jubilados. Se fueron sin medallas. Se fueron o jubilaron con algo grande: un trabajo excelente y el cariño de sus conciudadanos. Porque todos y cada uno de estos últimos, fueron “señores” de la amistad. No tuvieron clientes, tuvieron amigos; gentes muy variadas, que pusieron noble y generosamente , gran cariño en ellos..
Estos triunfadores dejaron huella. Enseñaron un modo de vivir y de sentir cálido y cercano con todos aquellos a los que trataron. Y se formaron principalmente en el amplio campo de la excelencia.




viernes, 15 de noviembre de 2019

CON GRAN AGRADECIMIENTO


Cuando miro lo mucho y excelente que nuestros antepasados nos han dejado, me entran escalofríos. Me refiero al amplio y excelso trabajo de escritores, pintores, músicos, arquitectos y escultores.

Ponerse delante de la Meninas o del Entierro del conde Orgaz, o de la Creación de Miguel Ángel… ¿no te produce un gran gozo? A mí sí.

Visitar el Partenón de Atenas, el Coliseo de Roma, Las catedrales de Colonia y Toledo. Admirar las vidrieras de la catedral de León o el Monasterio de El Escorial, me produce un agradable agradecimiento.

Visitar Florencia y detenerse ante el David. Hacer lo mismo en la Galería Borghese ante la majestad de las obras de Bernini. Acercarse a San Petersburgo y permanecer horas ante la obra de Rembrandt, ¿no es verdad que las horas se convierte en minutos?
Reencontrarse con Sófocles, con Shakespeare, Ovidio, Lope de Vega, Calderón, Cervantes y Gerardo Diego, ¿no es como transportarse a otro mundo?

La herencia que hemos recibido es de un valor inmenso. Todo fue obra de antepasados inteligentes, trabajadores, creativos y con una férrea voluntad.

Les llegaron luces, se encendieron sus corazones y sus ojos, junto a sus manos hicieron el resto.
Si has escuchado el Réquiem de Mozart, alguna o varias de las sinfonías de Beethoven, la quinta de Piotr Ilich Chaikovski, el Concierto de Aranjuez o las diversas sinfonías de Schubert, te habrás dado cuenta que entre todos han contribuido notablemente a llenar el mundo de belleza.

Mi respuesta a tanta hermosura, a la que también te invito, es de agradecimiento y de un determinado deseo de profundizar más y mejor en tan sublimes creaciones, sean del orden que sean.

En este ajetreado siglo XXI, vale la pena mirar con sosiego tanto esplendor como nuestros antepasados nos han dejado para el disfrute y cultivo del alma. Y quien tenga posibilidad de presentarse en Florencia, Burgos, Colonia, Viena, etc, se llenará de unas experiencias imposible de olvidar.

Finalmente, tener presente que todo ese gran mundo de belleza y esplendor, obra de unos hombres extraordinarios, también lo ha sido de Dios que puso en ellos esas habilidades con tanta grandeza.

viernes, 8 de noviembre de 2019

LOS PACÍFICOS

ESTHER  DUFLO, premio Nóbel por su lucha contra la pobreza global.

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La paz y las dificultades. Hay que intentar descubrir las actitudes profundas de nuestro corazón. Esas que, por ser negativas, quitan la paz.

Una imagen o comparación: La superficie de un lago sobre la que brilla el sol. Si está serena y tranquila, el sol se refleja perfectamente. Si está agitada, removida, la imagen del sol no podrá reflejarse. Algo parecido ocurre en el alma: cuanto más serena esté, más se reflejará Dios en ella. (Jacques Philippe y Dietrich von Hildebrand)

Todos tenemos preocupaciones y temor a equivocarnos. Y una y otra cosa, nos pueden hacer perder la paz. Efectivamente, los problemas de salud, del dinero, de afectos, de ser estimados, profesionales, etc.  Más aún, el mayor peligro es creer que podemos resolver todos los problemas de la vida solamente con nuestro esfuerzo y nuestro interés. No es así, porque somos torpes, limitados, débiles.

Nos hace perder la paz desear una cosa buena y que no llegue. Por ejemplo, que un hijo marche bien, y a veces impacientarnos e incluso ofrecemos actitudes negativas ante él, como gritos, indiferencias, olvidos… El deseo bueno, lo hemos estropeado. Nos faltó paz y paciencia para ver que Dios, que también es padre de ese hijo, la tiene y espera.

Enemigos de la paz, son: 1. El amor desmesurado a uno mismo. 2. La absoluta confianza en uno mismo. 3. La complacencia en uno mismo 4 Poner los afectos en uno mismo. 5. Un desproporcionado exceso de trabajos profesionales. 6. La falta de paz es un veneno para nuestra felicidad.
Iréne Némirovsky escribe la novela “El baile”. La adolescente, hija de la señora Kampf, herida en su orgullo por la prohibición materna de asistir al ágape, planifica una venganza en toda regla. Su alma no estaba en paz.
Pone en peligro la paz: el hombre susceptible que se siente ofendido con extraordinaria facilidad. Sus reacciones son de irritación o de apartamiento de aquellos que, según él, le ofendieron. Es una postura que no encaja con la vida de acercamiento a Jesucristo. Hay que examinar esa susceptibilidad que a veces nace de los celos. Otra cuestión distinta es cuando realmente ha habido una auténtica ofensa. En este caso, la actitud cristina es perdonar. Perdonando continuamos viviendo en la paz.
Siempre estaremos dispuestos a destruir en nosotros, todo rencor, toda amargura, toda enemistad y quemar los agravios recibidos enseguida.
Una cuestión distinta es si nuestros derechos y nuestra libertad, que es un gran don recibido de Dios, son atacados o menoscabados. En esos casos, sí que es necesaria la lucha para defender esos derechos. Dejar de hacerlo, no es propio de la vida cristiana. Un ejemplo: S. Pablo dice al centurión: ¿Os es lícito azotar a un romano sin haberle juzgado? Al oír esto el centurión se fue al tribuno y se lo comunicó, diciendo: ¿Qué ibas a hacer? Porque este hombre es romano” (Hech. 22, 25-26).

La paz no es separación en las relaciones humanas, cuya trágica situación muy bien escribió ALBERR CAMUS: “Es como si dos personas estuvieran separadas por la pared de cristal de una cabina telefónica. Se ven, están muy próximos, y, sin embargo, está esa pared que los hace mutuamente inaccesibles.”

Facilitan la paz: El amor. Este don constituye familias, sociedades y amistades en las que brillan la paz. Sin el amor surgen las guerras, las rencillas, las faltas de entendimiento entre las personas. El que ama es además un agente del amor. Además, la oración, los sacramentos, la purificación del corazón y la docilidad al Espíritu Santo. La paz es fruto de la lucha. Especialmente contra las tres concupiscencias.
El Señor nos dice: “la paz os dejo, la paz os doy; no es como la del mundo la que yo os doy. No tengáis más el corazón turbado y encogido” (Jn. 14. 27).  Estas palabras tienen la misma fuerza que las que crearon el cielo y la tierra de la nada, o que las que calmaron la tempestad en Genesaret, o las que dijeron: “Talithá kumi” a la hija de Jairo, o a Lázaro, “sal fuera”.  Por lo tanto, confianza en que Dios quiere nuestra paz.

S. Francisco de Sales propone tres cuestiones:
A. Hay que tener la intención de buscar en toda la gloria de Dios.
B. Busquemos un buen consejero y sigamos sus consejos.
C. Y por último, dejemos que Dios se encargue del resto.
La paz nace de la humildad y del olvido de sí mismo.
El hombre que se pone en los brazos de Dios vive en gracia en el cuerpo místico de Cristo y se reconoce redimido por la Sangre del Señor. Será un individuo de paz interior. Todo esto es fruto de ser alma de oración, alma de eucaristía, alma de penitencia y caridad.
La paz interior consiste en el abandono de los estilos de vida que producen desasosiego y turbación y en la incesante búsqueda de unión con el amado y con lo bueno. Es la poesía de Sta. Teresa de Jesús:
“Nada te turbe                                                           Nada de espante,
Todo se pasa,                                                            Dios no se muda,
La paciencia                                                               Todo lo alcanza;
Quien a Dios tiene                                                     Nada le falta:
Sólo Dios basta.

Nuestros defectos no deben contribuir a que perdamos la paz. Se asumen, se lucha contra ellos, se pide ayuda al Señor y consejo en los casos necesarios.

domingo, 3 de noviembre de 2019

TAN CERCA TAN LEJOS


Es el título de una comedia romántica francesa, estrenada en España el veinticinco de octubre de dos mil diecinueve. Es decir, hace muy pocos días.
Rémy y Mélanie son dos jóvenes treintañeros que viven en París y buscan encontrar el amor. Ella lo hace por las redes sociales, acudiendo a citas a ciegas que nunca salen bien; él, sigue sin encontrar esa conexión especial que busca en su pareja.
Los protagonistas viven en la soledad y en los sueños y se van a ver a un psicólogo, que en Francia se le titula “ir a ver a alguien”, evitando su auténtica denominación profesional, para tapar la problemática del individuo necesitado de ayuda.
Me ha recordado el título de una ponencia que me han encargado sobre la comunicación en el matrimonio con el título: “Trabajo, casa, cole y … tú y yo ¿cuándo?” Es una denominación que me deja algo perplejo. Porque, ¿qué podemos entender por ese cuándo?: ¿cuándo vamos a casa de tus padres? ¿cuándo vamos a cambiar de coche? ¿cuándo vamos a tener otro hijo? … ¿Cuándo vamos a hablar un rato?...
“Tan cerca, tan lejos”, también se puede titular la vida de algunos matrimonios en los que aún perdura la fidelidad, la relevancia del compromiso adquirido, cierto grado de erotismo y amor. Pero, al mismo tiempo ofrecen un declive en la amistad.
La amistad es fundamental en la pareja. Y la amistad es compartir tiempo, sí, y también compartir ideas, opiniones, intereses, aficiones. En definitiva: comunicarse.
Estos matrimonios podrían preguntarse por qué hace ya algunos años, se enamoraron. Se enamoraron porque cuando aún eran amigos, se comunicaban mucho. Es decir, fue la comunicación, un elemento principalísimo en su enamoramiento. Por la comunicación llegaron al amor.
“Tan cerca, tan lejos”, nos debe recordar que el amor de amistad, en el que muy buen papel juega la comunicación, no es hablar por hablar. Convertir la conversación de cada atardecer, después de la jornada de trabajo, en un coloquio lánguido, triste y aburrido en el que siempre contamos las mismas cosas: las dificultades del trabajo; el autoritarismo de uno de los jefes; los precios de la carne y el pescado; la desobediencia de los hijos; la pesadez de las llamadas telefónicas de un familiar o amigo; lo difícil que es el ahorro; las quejas que el colegio nos da del adolescente; la separación de unos vecinos…
El amor de amistad cuenta con un tipo de comunicación mucho más alegre, optimista, variado, atractivo, dinámico y en gran manera divertido.
¿Cómo se logra? Es bastante fácil: la pareja tiene que conocer qué ocurre en el mundo, qué publican las grandes editoriales, qué defensa se viene haciendo últimamente sobre la naturaleza y la ecología, qué noticias o mensajes importantes viene dedicando el Papa a los cristianos y a los no cristianos, qué piensan nuestros amigos sobre las verdades esenciales de la vida, cómo nos defendemos de los ataques a nuestra dignidad y al matrimonio y a la familia… Infinito número de cuestiones de actualidad sobre las que intercambiar los pareceres.
“Tan cerca, tan lejos”. El amor de amistad, mediante la buena comunicación, y también el cariño, nos llevará siempre a una vida “tan cerca” de aquel, de aquella al que tanto queremos, que bien podíamos cantar: “He encontrado al que ama mi alma, lo he encontrado y no lo dejaré jamás”. (Cantar, 3, 4).