EL ÁGUILA
El águila imperial ibérica habita en el centro suroeste
peninsular, fundamentalmente en sierras con extensas formaciones de monte
mediterráneo y, en menor medida, en pinares del Sistema Central.
Al evangelista S. Juan se le aplica el modelo del águila,
debido a que al igual que a esta ave, se eleva a las alturas más inconcebibles
de la vida espiritual y, divina. Finalizaba en la anterior entrada con unas
palabras de S. Agustín: Llena tu corazón en la fuente donde el evangelista
llenó el suyo. Porque ¿qué hay en tu corazón cuando te representas un ser
viviente, eterno, omnipotente e infinito y cuya presencia está en todo y todo
Él en todo lugar y sin que pueda por ningún ser limitado? Esta representación
es el Verbo de Dios.
En el principio era el Verbo. Así comienzo S. Juan el evangelio.
Jesucristo es el Verbo de Dios que hizo todo lo que vemos y también los
espíritus que no vemos. Así es como arranca el evangelista su obra.
Todo fue hecho por el Verbo y sin Él no se hizo nada. Es
creación suya el ángel y el gusanillo. Y todos los demás seres existentes entre
el primero y el último de los contemplados. (S. Agustín. Tratado acerca del
evangelio de S. Juan, 1, 13).
Continúa el evangelista: Y la vida era la luz de los
hombres. El Verbo es igualmente el autor de la luz. Más adelante, cuando
hablemos de la curación del ciego de nacimiento, (Juan, 9) volveremos a
resaltar que Jesús es la luz. Pero también hay tinieblas: los pecados son los
creadores de las tinieblas. Estos son los ciegos de corazón. Los que están
imposibilitados de ver. Sin embargo, la purificación los traerá nuevamente a la
luz: a gozar de la presencia de Dios.
La persona debería ser más cuidadosa de la luz. Lo
cual equivale a pasar con mucha frecuencia por zonas de purificación. Ahí
estará su grandeza y su valor. Sta. Teresa de Jesús decía: Señor, si vos ¿quién
soy yo? ¿Qué valgo? (Comentario al Cantar de los Cantares, nº 71).
Bien. Por hoy, ya basta. Continuaré la próxima semana: los
lunes; cada lunes intentaré una nueva entrada.

