jueves, 30 de septiembre de 2021

"El tiro por la culata" (Rectitud de intención)


 “Una persona tuerta caminaba en dirección al “valle de los ciegos”, para escapar de la sociedad de hombres en posesión de un par de ojos. Presentía que, en el valle de los ciegos, él sería el rey.

Pero las cosas no sucedieron así. El extranjero tuerto no fue aclamado como un rey al que adorar y obedecer, sino que fue calificado como un monstruo al que había que aborrecer y expulsar”. (H. G. Wells. El valle de los ciegos. Citado por Z. Bauman en Sobre la educación en un mundo líquido. Paidós, 2013. Página 87).

Le podíamos decir al tuerto que, antes de moverse, pensase y pesase bien, la determinación y el cambio que había decidido hacer.

Porque a veces, las cosas no son del color con que nosotros las vemos, sino como realmente son.

A esta reflexión, Aristóteles llama prudencia:

“Es propio del hombre prudente el ser capaz de deliberar sobre lo bueno para sí y lo que conviene para los demás. La prudencia estará acompañada de la razón y fomentará las cosas buenas para el hombre”. (A Nicómaco. Libro VI, 5).

“No es posible ser bueno en sentido propio sin la prudencia”. (A Nicómaco. Libro VI, 13)

No hay comentarios:

Publicar un comentario