lunes, 19 de abril de 2021

AMOR Y RESPONSABILIDAD


El obispo-cardenal Karol Wojtyla, años después, San Juan Pablo II, escribió el libro “Amor y responsabilidad. Comienza diciendo que la hermosa aventura del matrimonio se inicia por una atracción, unida muy probablemente a una identidad de convicciones en la pareja. Enseguida suele aparecer la afectividad, quizá unida también a la atracción. A la afectividad sigue el impulso sexual y el amor a la persona. Comunión de amor con el amado, con la amada, que es amar por igual su cuerpo y su alma. Amar su alma es trabajar por su salvación, cueste lo que cueste. Pero eso es amar. Contando con una relación honesta y la reciprocidad. Si falta la reciprocidad o no se da adecuadamente, es que no hay verdadero amor que como sabemos es donación. Si hay reciprocidad se formará una familia, respetando y aceptando el placer de la unión y pensando en la educación que se les va a proporcionar a los hijos.

La sexualidad estará al servicio de la unión y del amor. La castidad matrimonial es posible. En el amor esponsal, el elemento sexual desempeña un papel particular. Ahí el marido se da como hombre a su esposa, afirma Wojtyla, y la esposa se da como mujer a su hombre.

En la Humanae Vitae, Pablo VI subraya la necesidad de crear un clima favorable a la educación de la castidad.

¿Desacuerdos? Normal. No somos perfectos. Es mejor no imaginarse cómo sería la vida viviendo con un marido perfecto o con una esposa perfecta. A veces, el desacuerdo aparece porque tenemos una visión defectuosa sobre algún asunto, que debemos corregir o que debemos procurar nos ayuden a corregir. Pero siempre sin olvidar que el acto matrimonial es honesto y digno y enriquece el amor.

En mitad del siglo XX, muchas parejas al preparar su próximo matrimonio se planteaban qué era preferible dos camas o una cama en el dormitorio principal. Me contaron que la suegra de un amigo, dijo a la pareja: mejor una cama, porque acostarse juntos soluciona muchas dificultades en el matrimonio.  

El Sacramento introduce el amor humano en el Gran Amor que es Dios revelado y que actúa en Cristo. La castidad es una subordinación a la virtud de la templanza. Los movimientos sexuales estarán por lo tanto subordinados al entendimiento. La intemperancia es reprobable. El autodominio facilita la templanza.

Dos mandamientos fortalecen la castidad de los cónyuges:

Uno positivo: Tú la amarás. Tú le amarás.

Otro negativo: No buscar sólo el placer.

¿Problemas? Un esposo puede convertir la convivencia matrimonial en un martirio (también puede ser una esposa). Es un peligroso asunto que los cónyuges deben resolver porque en esa convivencia, por el Sacramento, también está Dios.

Lo que suele suceder ante un problema, es que uno de los cónyuges aporta una solución que parece idónea. Y probablemente lo es, pero la forma de comunicarla al otro cónyuge tal vez no sea idónea. Falla la comunicación y lo racional es ir a un experto que ayude a mejorar esa comunicación. Que ayude para que sepa decir bien, lo que debo decir en cada caso. Hacerlo soluciona gran cantidad de conflictos matrimoniales.

Cantar y reír con frecuencia también es de valiosa ayuda en la vida matrimonial. Conviene no olvidar que Dios nos ha creado por amor y para amar y sólo se encuentra la felicidad amando y siendo amados.

Continencia periódica: Es aceptable siempre que no se oponga a la procreación. El matrimonio no es un sacramento para evitar hijos, sino para lo contrario. (Woytila. Amor responsabilidad. Páginas 294 y 296).

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