viernes, 14 de septiembre de 2018

Y EN EL MATRIMONIO APARECEN CAMBIOS



Este gozoso descubrimiento origina unos cambios en el hombre y en la mujer.  En primer lugar es una gran tarea. A ningún bien de orden natural se le ha encomendado tan gran tarea. Se produce el descubrimiento del otro: el amor conyugal nos descubre todo el ser del amado. También sus imperfecciones. Y en tercer lugar, en el matrimonio nos entregamos hasta  lo último. Querer es dar todo de uno mismo. Y siempre con buen humor.

Ahora, descubren el valor personal del otro/a. Se ama a la persona por lo que ella es. Aquellas dos vidas se han convertido en una. El sufrimiento, el bien y la ayuda al otro/a, se convierten en más importante que lo mío. La gran dignidad de la persona amada, se reconoce y se mantiene aún ante las adversidades por el nexo que hay entre el amado y Dios-Padre, fuente del amor. Preciosa es la frase de S. Juan Pablo II: Hemos surgido de un latido del corazón de Dios.

En la novela “Cuando el amor no se gasta”, Enrique, de treinta y un años, habla con Mónica su hermana mayor, sobre sus padres y dice lo siguiente: -   Hay veces que mamá hace o dice algo y me creo que ha sido papá; y otras veces, al revés: dice papá algo y me parece que quien ha hablado ha sido mamá. Son tan iguales en lo que piensan y sienten, que si no fuera porque les veo y oigo el distinto tono de su voz, los confundiría, expresó Enrique.

La amistad.
Esta alegre situación se ve además enriquecida y acompañada por la amistad: La amistad es el ingrediente más importante de un buen matrimonio. La amistad ayuda a la adaptabilidad. Amistad es compartir pensamientos, deseos, sueños, temores, alegrías. La amistad fortalece la comunión de amor y favorece la fe de él en ella y de ella en él.

Tu cónyuge, el  número uno.
Esta comunión de amor obliga afectivamente  a que tu cónyuge sea para ti el número uno: Es decir, conquístale/la cada día. Atiende a los detalles pequeños. Desvívete por él/ella. Se cariñoso/a. Dile con frecuencia cuanto le amas. Esa comunión no se mantiene solamente con cosas materiales, sino con la amistad y la sintonía afectiva y espiritual de los cónyuges. No podemos privar al mundo de este don de Dios.  El matrimonio es una realidad que se constituye por el acto en el que los esposos se entregan expresan y recíprocamente.

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