lunes, 16 de febrero de 2026

TOLERANCIA Y MADUREZ

 

Se tolera el mal, no el bien: el bien se ama y se promueve. Imaginemos una boda. El sacerdote pregunta al novio de la siguiente manera: Fulanito, ¿toleras a Menganita como legítima esposa? No. Eso es un disparate. La pregunta correcta podría ser: ¿Amas a tu futura esposa? De la misma manera, no es correcto reclamar tolerancia para hacer alguna de las muchas acciones buenas que realizarse son posibles, por ejemplo, ir a un templo o iglesia a rezar, atender las necesidades básicas de una persona enferma, etc.

La correcta tolerancia tiene su fuente en la persona madura. No en el hombre débil. Porque cuando se quiere una buena respuesta a los problemas morales (sexo, divorcio, fraude, corrupción), no se pregunta la solución a quién no vive bien el sexo, el matrimonio, la honradez en el trabajo … sino justamente a quién sí los vive. Y este suele ser el hombre maduro.

Persona madura, decía S. Agustín que, es la que tiene orden en sus amores. Así que esa madurez se puede observar en el trabajo, en la familia, en la novia, en una afición, en los deberes cívicos, en las relaciones de amistad. En todo aquello que amamos.  

 

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