domingo, 30 de agosto de 2026

LOS CIEGOS VEN 16


 

EN EL POZO DE SIQUÉN

Allí, cerca de Siquen, había un pozo. Un pozo era considerado un regalo del Señor, un don divino. El pozo era símbolo de sabiduría. Todo este capítulo ofrece una relación entre el agua y el Espíritu. El agua del cántaro de la Samaritana es distinta del agua viva que ofrece el Señor.  Y el Espíritu es el don por excelencia del Padre. La acción del Espíritu en el hombre produce fuerza interior.

La sed de Cristo.

Jesús fatigado del viaje, se sentó sobre el brocal del pozo. Era la hora sexta. Jesús cansado. Jesús que es fortaleza se cansa por el camínate y el viaje. La evangelización, la recuperación del hombre en su verdadera dignidad, cansa y fatiga. Pero Jesús aún cansado va a seguir. Jesús tomó carne humana al Encarnarse, carne que se cansa. Tomó cuerpo humano con todas sus bendiciones y todas las debilidades de la corporeidad y asume las flaquezas de la corporeidad, entre ellas el cansancio por la dureza del trabajo y del esfuerzo.

Llega una mujer y Jesús entabla conversación con ella. Con una mujer que no es judía, es extranjera. Jesús trae la salvación también para los que no son judíos.

Era mediodía y Jesús le dice: “Dame de beber”.

Y la mujer pone objeciones:

-        “Eres judío y no nos llevamos bien”.

El Señor pronuncia a continuación unas misteriosas palabras sobre el don de Dios, asunto desconocido para la mujer.

Si conocieras el don de Dios y quien es el que te dice: Dame de beber, seguramente se la habrías pedido tú a él y te hubiera dado agua viva”.

El agua viva se relaciona con el Espíritu Santo que Jesús dará al ser crucificado y traspasado en la Cruz.

Desconcierto de la Samaritana por esa agua viva. ¿Cómo será posible si no tiene cubo para sacar el agua?

Jesús le explica la diferencia del agua viva y la que ella va a llevar en su cántaro. La de la mujer quita la sed de momento; la que promete Jesús apaga la sed para siempre.

El agua que Jesús promete tiene que ser un agua más poderosa que el agua natural. Luego tiene que ser un agua sobrenatural que además tendrá la propiedad de transformar en el que la beba en una fuente. Fuente que te encamina a la vida eterna.

Cuando nos bañamos en el mar, el río o la piscina salimos mojados, pero no transformados. Sin embargo, cuando sobre nuestra cabeza se derrama agua en el rito del Bautismo, esa agua nos transforma, nos hace hijos de Dios porque es un agua sobrenatural

La Samaritana: -“Señor, dame de esa agua para que no tenga que venir aquí a sacarla”.

La mujer desea esa agua. Tenerla le evita mucho trabajo diario.

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