EN EL POZO DE SIQUÉN
Allí, cerca de Siquen, había un pozo. Un pozo era considerado
un regalo del Señor, un don divino. El pozo era símbolo de sabiduría. Todo este
capítulo ofrece una relación entre el agua y el Espíritu. El agua del cántaro
de la Samaritana es distinta del agua viva que ofrece el Señor. Y el Espíritu es el don por excelencia del
Padre. La acción del Espíritu en el hombre produce fuerza interior.
La sed de Cristo.
Jesús fatigado del viaje, se sentó sobre el brocal del pozo.
Era la hora sexta. Jesús cansado. Jesús que es fortaleza se cansa por el
camínate y el viaje. La evangelización, la recuperación del hombre en su
verdadera dignidad, cansa y fatiga. Pero Jesús aún cansado va a seguir. Jesús
tomó carne humana al Encarnarse, carne que se cansa. Tomó cuerpo humano con
todas sus bendiciones y todas las debilidades de la corporeidad y asume las
flaquezas de la corporeidad, entre ellas el cansancio por la dureza del trabajo
y del esfuerzo.
Llega una mujer y Jesús entabla conversación con ella. Con
una mujer que no es judía, es extranjera. Jesús trae la salvación también para
los que no son judíos.
Era mediodía y Jesús le dice: “Dame de beber”.
Y la mujer pone objeciones:
- “Eres judío y
no nos llevamos bien”.
El Señor pronuncia a continuación unas misteriosas palabras
sobre el don de Dios, asunto desconocido para la mujer.
“Si conocieras el don de Dios y quien es el que te dice:
Dame de beber, seguramente se la habrías pedido tú a él y te hubiera dado agua
viva”.
El agua viva se relaciona con el Espíritu Santo que Jesús
dará al ser crucificado y traspasado en la Cruz.
Desconcierto de la Samaritana por esa agua viva. ¿Cómo será
posible si no tiene cubo para sacar el agua?
Jesús le explica la diferencia del agua viva y la que ella va
a llevar en su cántaro. La de la mujer quita la sed de momento; la que promete
Jesús apaga la sed para siempre.
El agua que Jesús promete tiene que ser un agua más poderosa
que el agua natural. Luego tiene que ser un agua sobrenatural que además tendrá
la propiedad de transformar en el que la beba en una fuente. Fuente que te
encamina a la vida eterna.
Cuando nos bañamos en el mar, el río o la piscina salimos
mojados, pero no transformados. Sin embargo, cuando sobre nuestra cabeza se
derrama agua en el rito del Bautismo, esa agua nos transforma, nos hace hijos
de Dios porque es un agua sobrenatural
La Samaritana: -“Señor, dame de esa agua para que no tenga
que venir aquí a sacarla”.
La mujer desea esa agua. Tenerla le evita mucho trabajo
diario.

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