EL CULTO SEGÚN LOS JUDÍOS
Habla la Samaritana: “Señor, estoy viendo que eres un
profeta, Nuestros padres adoraron en esta montaña, pero vosotros decís que es
Jerusalén el lugar de la adoración”, señaló la mujer con este cambo en la
conversación.
Los samaritanos tenían en la cumbre del monte Garizín, un
templo, y en él daban culto a Dios. La Samaritana habla de que los padres
(Abrahám y Jacob) adoraban a Dios en ese monte.
Primero, los judíos tuvieron un santuario en Silo. Pero en
tiempos de Salomón, el culto se celebraba en Jerusalén. Aquí estaba el Arca de
la Alianza.
Pero, cuando se produce la división: Judá al Sur e Israel la
Norte, Joroboán, rey de Israel no veía con buenos ojos que los israelitas
bajasen a Jerusalén para el culto. Porque esto dañaba su hegemonía y prohíbe a
sus vasallos que fueran a Jerusalén para dar culto. Y se produjo el cisma.
Todos, los del N y los del S fueron deportados: ruina de
Jerusalén y de su templo.
En el 537 a. C. Ciro rey de Persia, autoriza la construcción
de un nuevo templo en Jerusalén. Era el templo en tiempos de Jesús, aunque más
embellecido por Herodes el Grande. Años después, en el 70 d. de C., los romanos
lo destruyen.
¿Qué responde Jesús al lugar de la adoración que plantea la
Samaritana?
-“Créeme, mujer, que llega la hora cuando ni en este monte
ni en Jerusalén adoraréis al Padre”.
Jesús no da el lugar de la adoración. Sólo dice que habrá un
culto nuevo, pero no aclara dónde celebrarlo. Sin embargo, Él fue varias veces
al templo de Jerusalén.
En la liturgia cristiana, el lugar santo es el Cuerpo
Resucitado de Cristo: la santa misa. Pero cualquier lugar es apto para dar
culto a Dios. La Iglesia construirá templos para celebrar la Eucaristía.





