LE LLEVAN A UNA MUJER ADÚLTERA
En el pasaje de la mujer adúltera, encontramos el pecado. La
muchedumbre pide castigo, lapidarla, como dice la Ley. Pero en el relato no
sólo está el pecado de la mujer, sino todo pecado, también los de los que la
acusan y condenan. Las palabras de Jesús: Quien no tenga pecado que le arroje
la primera piedra. (Jn 8, 7). Sentencia impresionante, formulada de un modo
inolvidable. Es decir, sólo el que esté limpio, puede castigar un pecado. Y
ninguno está limpio, todos eran pecadores. Mírese cada uno así mismo, entre en
su interior: puesto que nadie conoce la interioridad del hombre sino el
espíritu del hombre que existe en él, palabras de S. Agustín. Sólo hay Uno
limpio, Jesús que no la condena. La despide con estas palabras: Vete, y desde
ahora no peques más. (Jn 8, 11). ¿Puede hacerlo? Claro que sí, el Bautista lo
presentó como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Más aún, Él es
el-sin-pecado el que lejos de las tinieblas aparece como la Luz. Podía añadir: Desde ahora comienza una nueva
vida en la que ya no has de pecar más.
La LUZ.
Por eso impresiona que, a continuación del perdón a la
pecadora, el Señor proclame con solemnidad: Yo soy la luz del mundo; el que
me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. (Jn 8,
12). El Señor es el creador de la luz. Tengamos sed ardiente de esa luz y
evitaremos una vida en las tinieblas. Escribió el Apóstol: Fuisteis por algún
tiempo tinieblas, mas ahora sois luz del Señor; caminad como hijos de la luz.






