Mi querido
Gunnell:
Valoro el saber unido a la virtud por encima de todo los
tesoros. La fama del conocimiento, cuando no va acompañada de una vida recta es
una infamia.
En cuanto a la mujer añada a la virtud la formación literaria
y eso es ya un gran beneficio.
Igualmente es grande la conciencia intima de hacer el bien,
no de la opinión de los hombres.
El hombre bueno evita la deshonra. Entre los beneficios que
proporciona el estudio, ninguno es mayor que la perfecta utilidad.
Por otra parte, quien rebaja un espíritu noble es quien lo
acostumbra a admirar cosas vanas y mezquinas. En cambio, eleva el carácter quien
lo conduce hacia la virtud y los bienes verdaderos. Por eso, quiero que adviertan
a mis hijos del peligro del orgullo y la soberbia y caminen por los prados de
la modestia. Que pongan la virtud en primer lugar y el estudio en segundo. Así
recibirán de Dios le recompensa de una vida inocente.
Igualmente pienso que las letras valen a hombre o mujer.
Ambos son aptos para el estudio.
Y antes los que afirman y apartan a las mujeres del estudio,
creo que también ellas deben cultivarse y corregirse en aquello que su
naturaleza más les cueste.
S. Jerónimo y S. Agustín exhortaron a la mujer a la
dedicación al estudio. Espero que mis hijos aprendan las obras de estos santos.
Y ante la plaga de la vanagloria, que deseo permanezca lejos
de mis hijos, deseo que tú, estimado maestro, les repitas una y mil veces que
la vanagloria es despreciable y que nada mayor que la humildad, tantas veces
alabada por Cristo.
Por todo esto, te estamos profundamente agradecidos mientras
van alcanzando que todos mis hijos progresen en la ciencia y en la buena
conducta.
Adiós.
Desde la Corte, 22 de mayo de 1518.
Tomás Moro.






