TRANSMISIÓN DE LA REVELACIÓN
La revelación está limitada a la posibilidad que tiene el
hombre de poder entender la palabra de Dios. Se adapta al hombre y a su
lenguaje, a su capacidad cognitiva. Utiliza un lenguaje sencillo y cercano al
hombre que escucha o lee. Expresa así el amor del labrador por su viña; del
pastor por su rebaño; el amor de una madre por el hijo; el perdón de un padre
(el hijo pródigo); el amor del esposo por su esposa: Abrán por Sara, Isaac por
Rebeca (La joven que me dé agua de este pozo para mí y para mis camellos será
la mujer de Isaac, se decía el sirviente de Abrán que buscaba esposa para su
hijo). El amor de Jacob por Raquel.
En la revelación hay tantos episodios del amor de Dios por el
hombre, y por su pueblo, que S. Juan llega a decir que Dios es amor. (1Jn, 4,
8-16).
La transmisión de la revelación tuvo varias etapas:
1ª Se transmitía de generación a generación por el lenguaje
oral.
2ª Posteriormente, mediante la escritura. Jesús toma un rollo
de la Escritura, en la sinagoga de Nazaret y leyó al público un pasaje del
profeta Isaías.
3ª El Verbo se hizo Carne y nos dejó la Palabra de Dios.
Palabra que Él pronunciaba con autoridad.
4ª Los Apóstoles guardaron todo lo que Jesús dijo e hizo.
Pero cuando recibieron el Espíritu en forma de llamas de amor, se pusieron a
divulgar las palabras y los hechos de Jesús. Nace la Iglesia.
Ahora la Iglesia perpetúa la presencia salvífica de
Jesucristo en el mundo con las palabras de la Escritura y con su predicación,
sus hechos, ejemplos y sacramentos. Todo lo existente: Sagradas Escrituras y la
Tradición, lo tiene la Iglesia y lo divulga para que llegue a todo hombre.
No te parece que, ya aquí, en la tierra, estamos en el reino
de los cielos cuando vivimos entre estos textos, cuando meditamos en ellos,
cuando no conocemos ni buscamos nada más. Ignorar la Escritura es ignorar a
Cristo. (S.
Jerónimo. Ep. 53, 10)
HASTA EL PRÓXIMO LUNES.
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