SANTA MARÍA EN LA BODA DE CANÁ
Ahí, en esa boda, en toda boda, estará Santa María. ¿Cómo no
iba estar en algo tan grande y familiar? Allí está María que, conociendo una
necesidad, acude a Jesús en favor de los hombres: no tienen vino. (Jn 2, 3).
Luego, dispondrá el corazón de los hombres a la acción del Señor: Haced lo que
Él os diga. (Jn 2, 5). Y así actuó como medianera de nuestras necesidades. En
este episodio María pone en relación a Jesús con los hombres y a los hombres
con Jesús.
De la misma manera que Jesús puede convertir el agua en vino,
puede convertir un corazón duro, despiadado, alejado, en un corazón bueno. Sólo
basta, pedírselo. En las bodas de Caná tenemos que fijarnos en la presencia y
actuación de Santa María. La intervención de la Virgen no puede limitarse a una
mera preocupación material. Las palabras de la Virgen evocan la voz del Padre
en la teofanía del Tabor: Haced lo que Él os diga, dice María a los sirvientes
de la boda. Este es mi Hijo muy amado, ¡escuchadle!, dice el Padre a los tres
apóstoles que han subido al monte con Jesús.
En la encíclica Redemptoris Mater nº 21, escribe S. Juan
Pablo II: En Caná, María, aparece como la que cree en Jesús, su fe provoca
la primera señal y contribuye a suscitar la fe de los Discípulos.
A ella hay que encomendarle que surjan y se consoliden los
noviazgos y finalicen en felices matrimonios. Santa María es la guardiana de
los matrimonios. Por eso ella tiene que estar en las bodas y los esposos la
tendrán muy presente en la ceremonia y en todo el amplio desarrollo de sus
vidas y de sus hogares
