domingo, 5 de julio de 2026

LOS CIEGOS VEN 11


 

SANTA MARÍA EN LA BODA DE CANÁ

Ahí, en esa boda, en toda boda, estará Santa María. ¿Cómo no iba estar en algo tan grande y familiar? Allí está María que, conociendo una necesidad, acude a Jesús en favor de los hombres: no tienen vino. (Jn 2, 3). Luego, dispondrá el corazón de los hombres a la acción del Señor: Haced lo que Él os diga. (Jn 2, 5). Y así actuó como medianera de nuestras necesidades. En este episodio María pone en relación a Jesús con los hombres y a los hombres con Jesús.

De la misma manera que Jesús puede convertir el agua en vino, puede convertir un corazón duro, despiadado, alejado, en un corazón bueno. Sólo basta, pedírselo. En las bodas de Caná tenemos que fijarnos en la presencia y actuación de Santa María. La intervención de la Virgen no puede limitarse a una mera preocupación material. Las palabras de la Virgen evocan la voz del Padre en la teofanía del Tabor: Haced lo que Él os diga, dice María a los sirvientes de la boda. Este es mi Hijo muy amado, ¡escuchadle!, dice el Padre a los tres apóstoles que han subido al monte con Jesús.

En la encíclica Redemptoris Mater nº 21, escribe S. Juan Pablo II: En Caná, María, aparece como la que cree en Jesús, su fe provoca la primera señal y contribuye a suscitar la fe de los Discípulos.

A ella hay que encomendarle que surjan y se consoliden los noviazgos y finalicen en felices matrimonios. Santa María es la guardiana de los matrimonios. Por eso ella tiene que estar en las bodas y los esposos la tendrán muy presente en la ceremonia y en todo el amplio desarrollo de sus vidas y de sus hogares