domingo, 9 de agosto de 2026

LOS CIEGOS VEN 13


 

JESÚS RECIBE A NICODEMO. Jn 3, 1-21

Nicodemo, judío influyente, fariseo principal entre los judíos, visita una noche a Jesús. Comienza la entrevista con el Rabbi de Nazaret reconociendo que has venido como maestro de parte de Dios, atestigua Nicodemo.

Respondió Jesús y le dijo: En verdad, en verdad te digo que quien no naciere de arriba no podrá entrar en el reino, de Dios. Ante tal afirmación, el desconcierto del fariseo es mayúsculo.

Y Jesús continuó exponiendo su mensaje: En verdad, en verdad te digo que quien no naciere del agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de los cielos. Lo que nace de la carne, es carne, pero lo que nace del Espíritu, es espíritu. No te maravilles de que te he dicho. Es preciso nacer de arriba. El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes dónde viene ni adónde va, así es todo nacido del Espíritu. (Jn 3, 5-8). Un nuevo nacimiento, expresa el Señor, porque realmente hay dos nacimientos: uno es el nacimiento de la carne. El otro es el nacimiento del espíritu y para este nuevo nacimiento es necesaria la intervención divina, para que el hombre entre en el mundo espiritual. (El Cuarto Evangelio pg 370). En concreto, significa que el hombre recibe un nuevo ser, una existencia nueva, viniendo a ser, en cierto modo, una nueva sustancia. Pudiera parecer que esa nueva manera de ser es una participación en la sustancia divina, como una divinización. Sin embargo, no es así pues el creyente es hecho hijo de Dios porque recibe la gracia o la vida eterna. (El Cuarto Evangelio. PG 371).

Las palabras de Jesús son claras: El que nace del Espíritu, es espíritu. Por eso, podemos considerar que todo el que recibe el agua y el Espíritu, ya es espíritu. Y como ya es espíritu tiene que actuar y vivir no como hombre carnal, sino espiritual. El hombre espiritual está continuamente bañado por la fe, la esperanza y la caridad. Son sus tres joyas. Es como su carácter, su modo de ser. Tras el Bautismo y la Confirmación el hombre es transformado. Es hombre y es espíritu por gracia y don del Espíritu Santo. Su pensar, hablar y obrar será ahora cosa de hombre y de su espíritu. El agua, es decir el Bautismo, y el Espíritu, que actúa sobre todo mediante la fe, son los dos principios coordinados que producirían un único efecto, la regeneración. El hombre nuevo, el que ha nacido de lo alto, proviene del sacramento y de la fe bajo el influjo del Espíritu Santo. (El Cuarto Evangelio, pg 365). Un santo español rezaba de esta manera: "Señor, empápame, emborráchame de tu Espíritu y así haré tu voluntad” (Vázquez de P. Tomo I, página 404)

Ahora hay que ser consciente que se es hombre espiritual y hay que actuar de este modo. Nacemos del Espíritu si somos humildes. La humildad nos facilita este nacimiento.

Lo que nace del Espíritu, es espíritu. Más aún: Si alguien no renace del agua y del Espíritu Santo, no verá el reino de Dios. (Jn 3, 5). Como eres espíritu necesitas que el Espíritu Santo te conceda sus siete dones: temor, fortaleza, piedad, consejo, ciencia, entendimiento y sabiduría. Conviene pedirlos.

 

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