JESÚS RECIBE A NICODEMO. Jn 3, 1-21
Nicodemo, judío influyente, fariseo principal entre los
judíos, visita una noche a Jesús. Comienza la entrevista con el Rabbi de
Nazaret reconociendo que has venido como maestro de parte de Dios, atestigua
Nicodemo.
Respondió Jesús y le dijo: En verdad, en verdad te digo
que quien no naciere de arriba no podrá entrar en el reino, de Dios. Ante
tal afirmación, el desconcierto del fariseo es mayúsculo.
Y Jesús continuó exponiendo su mensaje: En verdad, en
verdad te digo que quien no naciere del agua y del Espíritu, no puede entrar en
el reino de los cielos. Lo que nace de la carne, es carne, pero lo que nace del
Espíritu, es espíritu. No te maravilles de que te he dicho. Es preciso nacer de
arriba. El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes dónde viene
ni adónde va, así es todo nacido del Espíritu. (Jn 3, 5-8). Un nuevo
nacimiento, expresa el Señor, porque realmente hay dos nacimientos: uno es el
nacimiento de la carne. El otro es el nacimiento del espíritu y para este nuevo
nacimiento es necesaria la intervención divina, para que el hombre entre en el
mundo espiritual. (El Cuarto Evangelio pg 370). En concreto, significa que el
hombre recibe un nuevo ser, una existencia nueva, viniendo a ser, en cierto
modo, una nueva sustancia. Pudiera parecer que esa nueva manera de ser es una
participación en la sustancia divina, como una divinización. Sin embargo, no es
así pues el creyente es hecho hijo de Dios porque recibe la gracia o la vida
eterna. (El Cuarto Evangelio. PG 371).
Las palabras de Jesús son claras: El que nace del Espíritu,
es espíritu. Por eso, podemos considerar que todo el que recibe el agua y el
Espíritu, ya es espíritu. Y como ya es espíritu tiene que actuar y vivir no
como hombre carnal, sino espiritual. El hombre espiritual está continuamente
bañado por la fe, la esperanza y la caridad. Son sus tres joyas. Es como su
carácter, su modo de ser. Tras el Bautismo y la Confirmación el hombre es
transformado. Es hombre y es espíritu por gracia y don del Espíritu Santo. Su
pensar, hablar y obrar será ahora cosa de hombre y de su espíritu. El agua, es
decir el Bautismo, y el Espíritu, que actúa sobre todo mediante la fe, son los dos principios coordinados que producirían un único efecto, la
regeneración. El hombre nuevo, el que ha nacido de lo alto, proviene del
sacramento y de la fe bajo el influjo del Espíritu Santo. (El Cuarto Evangelio,
pg 365). Un santo español rezaba de esta manera: "Señor, empápame, emborráchame
de tu Espíritu y así haré tu voluntad” (Vázquez de P. Tomo I, página 404)
Ahora hay que ser consciente que se es hombre espiritual y
hay que actuar de este modo. Nacemos del Espíritu si somos humildes. La
humildad nos facilita este nacimiento.
Lo que nace del Espíritu, es espíritu. Más aún: Si alguien no
renace del agua y del Espíritu Santo, no verá el reino de Dios. (Jn 3, 5). Como
eres espíritu necesitas que el Espíritu Santo te conceda sus siete dones:
temor, fortaleza, piedad, consejo, ciencia, entendimiento y sabiduría. Conviene pedirlos.

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