domingo, 8 de noviembre de 2026

LOS CIEGOS VEN 25


 

EL BUEN PASTOR Y LA FIESTA DE LA DEDICACIÓN

Jesús tiene un rebaño de ovejas. Él conoce a cada una por su nombre y las apacienta en buenos pastizales, camina delante de ellas y las ovejas le siguen y las defiende de los ataques del lobo. La confianza y la seguridad de las ovejas reside que van con el Buen Pastor. Por ellas se entrega hasta la muerte. Yo soy la puerta de las ovejas… Yo soy el buen pastor. (Jn 10, 11). Sin embargo, a veces ocurre que una oveja se pierde. Entonces, el buen Pastor, deja el rebaño en jun lugar seguro y va en busca de la oveja perdida. Atravesará montes y riberas; fuertes y fronteras; bosques y espesuras; prado de verduras; cristalinas fuentes; valles solitarios; ríos sonorosos. (Juan de la Cruz. Cántico espiritual) hasta localizar la   extraviada. Es el amor lo que le impulsa a buscar esa oveja. Cristo, Luz, ha vencido al mundo. Es Luz y ha vencido las tinieblas.

Fiesta de la Dedicación.

San Juan la sitúa después de la de los Tabernáculos. Era la Fiesta de la Dedicación del Templo. Se celebraba el día veinticinco del mes noveno, dos meses después de la de los Tabernáculos. Algunas de las ceremonias eran similares en las dos fiestas: llevar ramos, entonar himnos, el canto de los salmos 113, himno de alabanza y el 118 y canto de acción de gracias.

En esta fiesta se celebraba la victoria de los Macabeos contra los sirios del rey Antioco IV Epífanes, que había profanado el Templo.

Para el evangelista, la presencia de Jesús en esta Fiesta tiene gran importancia, puesto que con Él llegaba la verdadera restauración.

Los judíos, con cierto aire de agresividad se dirigieron a Jesús con esta pregunta: ¿Hasta cuándo nos va a tener en vilo? Y le piden que les diga de una vez si es o no es el Mesías. El Señor les contesta que ya se lo ha dicho, pero no le han creído. Estas ovejas no son de su rebaño. Los suyos le escuchan y le siguen y Él les dará la vida eterna. Yo y el Padre somos uno, termina diciéndoles. (Jn 10, 30). Es una revelación atrevida, cercana a una blasfemia. La reacción de los judíos fue coger piedras con ánimo de lapidarlo. La hora de la Cruz estaba cada momento más cerca.