sábado, 24 de octubre de 2026

LOS CIEGOS VEN 24

 


EL CIEGO DE NACIMIENTO

En ese mismo día, capítulo nueve, tenemos otro episodio, también en el Templo o en sus inmediaciones. Nuevamente Jesús, Luz del mundo, se topa con las tinieblas en un ciego de nacimiento. Los apóstoles piensan que la ceguera puede ser causa del pecado del ciego o de sus padres. Sin embargo, ya Ezequiel había combatido esa concepción al insistir en la índole personal de toda culpa y en la responsabilidad de cada hombre ante los propios actos. (Ez 18, 4. 20. 30).

Pero Cristo quiere aprovechar un mal físico (la ceguera) para manifestar el poder y la gloria de Dios, que sabe sacar de los males bienes. Ni ha pecado el ciego, ni han pecado sus padres, sino que eso ha ocurrido para que las obras de Dios se manifiestan en él. (Jn 9, 3). Ahora, Jesús está presente y es de Día, pero llega la noche (el pecado) propiciado por el Príncipe de este mundo que, logrará tremendamente que tres clavos apaguen violentamente la Luz en una Cruz.

Mas Jesús añade: Mientras estoy en el mundo soy la luz del mundo. (Jn 9, 5).

El milagro. Jesús toma barro y lo aplica a los ojos del ciego. El ciego se lava en las aguas de la piscina de Siloé, que significa el Enviado. Con esta explicación, el evangelista está diciendo que Jesucristo es el enviado de Dios. El milagro se produce y la curación del ciego es comprobado por todos los presentes. Sin embargo, algunos dudan: decían que el que ve no es el mismo que el hombre ciego.

Y de forma asombroso, la curación dará lugar a un juicio: en efecto, se produce una discusión enconada entre los fariseos y el ciego. Algunos fariseos manifiestan que nadie que quebranta el sábado puede hacer un milagro. Por eso, ese hombre no es Dios. Otros fariseos parecen reconocer el hecho evidente de la curación, pero igualmente se preguntan cómo puede hacer un milagro un pecador. Al mismo tiempo, el ciego afirma que con sencillez que Jesús de Nazaret es un profeta. Los fariseos no están conformes y llaman a juicio a los padres del ciego de nacimiento.

El testimonio de los padres del ciego. Pero los padres lo único que saben es que su hijo nació ciego y no saben con certeza cómo ha sido curado. No se atreven a opinar por miedo a los fariseos, que ya habían decidido expulsar a quienes reconocieran a Jesús como Mesías. Por eso recomiendan que le pregunten a su hijo, que ya tiene edad para saber responder. (Jn 9, 21).

Vuelta al juicio. El ciego mantiene su juicio; los fariseos, el suyo. No hay acuerdo. En el asunto revolotea el problema del pecado: un hebreo pecador -no respeta el sábado- pero hace milagros.

El ciego no entra en la polémica; él sólo sabe que antes era ciego y ahora ve. Y se atreve a más: ¿queréis haceros discípulos suyos? Pregunta a los fariseos. Enojadísimos responden: Tú eres discípulo suyo, nosotros somos discípulos de Moisés, pero ese no sabemos de dónde es. (Jn 9, 29). El ciego prosigue con una lógica aplastante: Esto es precisamente lo admirable, que vosotros nos sepáis de dónde es y que me abriera los ojos. (Jn 9, 30). Los fariseos lo echan fuera (expulsión).

El episodio finaliza con nuevo encuentro del ciego con Jesús. Es el momento en el que Jesús, luz del mundo, proclama: Yo he venido al mundo para que los que no ven vean y los que ven se vuelvan ciegos. (Jn 9, 39).

Los signos del Cuarto Evangelio tienen como especial finalidad: anunciar la salvación y la divinidad de Jesucristo. El milagro del ciego de nacimiento es señal de salvación y de la luz, para creer o no, para ver o no, para salvarse o no.


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