sábado, 27 de junio de 2026

LOS CIEGOS VEN 10


 

Las bodas de Caná.

La presencia de Jesucristo en las bodas de Caná ha sido considerada por los Padres como señal evidente de que el Señor bendijo y honró la institución natural que es el matrimonio, elevado por Dios a la categoría de sacramento. Jesús convierte el matrimonio en camino de santidad Es también símbolo de la unión de Cristo con la Iglesia.

Posee además el simbolismo, del amor de Yahwéh por su pueblo. Los profetas hablan del amor y la boda de Dios con su pueblo. También es símbolo que revela la dicha que espera al justo en la otra vida. También puede considerarse como señal de la fiesta definitiva con Cristo.

 Juan llama a las bodas de Caná el primero de los signos, que además suscitó la fe de los primeros discípulos. Era una fiesta humana en la que se celebraba la unión del hombre con la mujer. La fiesta del amor. Una de las fiestas más lógicas. Es fiesta de alegría. En ella, hombre y mujer abandonan las casas de sus padres para iniciar una convivencia, que les llevará al cielo, siempre que sigan la voluntad de Dios respecto al amor, la procreación y la educación de los hijos. Es la fiesta de darse al otro: él conocerá el hermoso regalo que día tras día Dios le había preparado: su cónyuge. Exactamente lo mismo le ocurre a ella. Regalo que para apreciarlo en su totalidad es necesario vivir desvivido por el cónyuge.

El banquete nupcial sirve también para revelar al hombre el gozo que espera al justo después de su muerte. Así nuestro Señor nos dirá que el Reino de los cielos es semejante a un rey que celebró las bodas de su hijo. Es el banquete del Reino.

Ante el milagro, los discípulos creyeron en Jesús. Creer en el Maestro produce un gran cambio. La fe vivida, unida a la trayectoria diaria del creyente, transforma la persona. 

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