La célula es el ser vivo más simple. Una célula viva se reproduce por proceso de fisión, de división. Comienza a crecer de tamaño. Luego se “aprieta” a sí misma por el medio y se divide en dos células vivas. Las células crecen y se multiplican, y el proceso se repite una y otra vez.
Al planear la raza humana, Dios pudo haber decretado que se
propagara de una forma parecida a como lo efectúan las células. Es decir, una
célula podría empezar a ensancharse más y más hasta formar gradualmente un
duplicado de sus órganos originales, y en el momento preciso separarse las dos
mitades y constituir dos personas en vez de una.
Pero Dios no lo quiso así e hizo que a los seres humanos fueran
varones y hembras y les dio el poder de producir nuevas vidas humanas en unión
con Él.
A todo este proceso y relación, dio Dios un placer físico grandioso
para bien de los cónyuges y de los hijos. Él estableció una alianza con ellos,
de tal manera que no estimó Dios conveniente que el hombre esté solo, y
creó el amor humano.

